
En torno a estas limitaciones a repensar, se juega todo el juego sobre la eficacia y oportunidad de las medidas. Medidas encaminadas a paliar la carga insostenible de electricidad y gas, que ponen en riesgo la continuidad de la actividad. Pero el camino a los créditos fiscales podría estar bloqueado, por el uso excesivo del instrumento a partir de la emergencia del Covid en adelante.
La crisis de la “economía de bonificación”
La economía del bono parece, de hecho, haber saturado los espacios de uso en compensación. No sólo está el tema milenario y controvertido de los bonos de construcción con todos los juicios de transmisibilidad, sino que también hay muchas concesiones sectoriales que han sido concebidas como créditos fiscales.
También porque, por ejemplo, para empresas con pocos empleados, el número de pagos se reduce frente a cuántas retenciones, contribuciones o, entre los impuestos más frecuentes, el IVA se deben pagar cada mes.
A esto se suma, entonces, que la elección de la alternativa de pagar las facturas eléctricas por el consumo de octubre de 2022 a marzo de 2023 no hace más que adelantar el problema de la “sostenibilidad financiera” de las subidas de precios.
A la espera de que la Agencia defina también la provisión para la transferencia de los créditos de octubre-noviembre y diciembre, existe otra fecha que corre el riesgo de convertirse en un corte en el futuro.



