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Roula Khalaf, editora del FT, selecciona sus historias favoritas en este boletín semanal.
Al menos a primera vista, parece lógico que los bancos se asocien con proveedores de crédito privados. Los primeros tienen relaciones con los clientes, pero les cuesta prestar su propio dinero en un contexto de exigencias regulatorias cada vez más estrictas. Los segundos tienen una cantidad cada vez mayor de activos bajo gestión (1,7 billones de dólares, según el último recuento) y están dispuestos a invertir capital. Pero, en esta etapa, algunas alianzas son mejores que otras.
Por ejemplo, véase la decisión de Lloyds de asociarse con la entidad crediticia Oaktree para prestar dinero a adquisiciones medianas de empresas británicas. El hecho de que un banco minorista británico se sume a la tendencia crediticia privada es una señal inequívoca de que ya ha pasado el momento álgido, pero de todos modos no parece una unión de titanes. Lloyds es un actor pequeño en el sector de los préstamos apalancados y suele operar como parte de un sindicato bancario. Oaktree es relativamente nuevo en este ámbito. Unir fuerzas puede ayudar, pero es poco probable que transforme su posición competitiva.
Esta alianza también llega tarde a la fiesta. El año pasado, el crédito directo tuvo un momento de gloria, cuando el mercado de préstamos sindicados se paralizó temporalmente. Ahora, la competencia se ha reanudado, lo que ha reducido los diferenciales. Para los fondos de crédito privados, hay opciones más atractivas en otro tipo de alianzas bancarias.
Entran en escena los préstamos respaldados por activos, que se promocionan como la nueva frontera para el capital privado. Esto se traduce, en líneas generales, en la compra de préstamos bancarios garantizados con activos físicos como casas, oficinas, automóviles o aviones, o con fondos de flujos de efectivo contractuales como las cuentas por cobrar de tarjetas de crédito. En los últimos 12 meses se han firmado al menos cinco acuerdos de financiación basada en activos entre bancos y empresas de crédito privadas, según Huw van Steenis, de Oliver Wyman. Blackstone ha adquirido 1.100 millones de dólares en cuentas por cobrar de tarjetas de crédito estadounidenses de Barclays.
Los atractivos para los fondos de crédito privados son claros. Se trata de un mercado enorme, con un valor de unos 20 billones de dólares, según Apollo. Los bancos buscan cada vez más deshacerse de esos activos, que absorben una gran cantidad de capital regulatorio, en particular allí donde tienen una exposición concentrada. Solo a modo de ejemplo, Moody’s ha puesto a 21 prestamistas regionales estadounidenses en revisión para una rebaja de calificación crediticia, sobre la base de que su exposición al sector inmobiliario comercial asciende a más del doble de su capital.
Lo mejor de todo es que no hay muchos proveedores de capital privado que compitan por comprar estos activos. Los bancos prefieren contrapartes grandes y establecidas. Los fondos que gestionan activos de seguros también tienen una clara ventaja, ya que también pueden recurrir a un comprador dispuesto a comprar tramos de los préstamos. En el próximo capítulo del crédito privado, las ballenas volverán a adelantarse a los pececillos.
