
Fratelli d’Italia declara la ‘guerra’ a los ecovándalos y lo hace con un proyecto de ley que pretende reforzar las medidas de protección de la decencia, así como las penas previstas en el código penal para quienes ensucien bienes culturales o medioambientales. En los últimos tiempos se han intensificado las acciones demostrativas de los jóvenes activistas climáticos del colectivo ‘Última generación’: basta pensar en el líquido negro vertido en la fuente Barcaccia en Piazza di Spagna o la pintura naranja lanzada por dos activistas contra el Palazzo Vecchio de Florenciala misma utilizada en enero para difamar el Palacio Madama, sede del Senado de la República.
Aproximación prohibida
Iniciativas fuertemente estigmatizadas por el partido de Giorgia Meloni, que ahora quiere cobijarse con un proyecto de ley ad hoc que ve al senador Marco Lisei como primer firmante. El borrador del texto aún está en proceso de finalización y consta de un solo artículo, que contiene modificaciones al decreto ley número 14 de 20 de febrero de 2017 y al artículo 635 del código penal. En concreto, para quienes hayan denunciado una o varias denuncias o hayan sido condenados -incluso con sentencia no definitiva- por vandalismo o daño doloso a bienes culturales protegidos, se les prohíbe, desde un mínimo de seis meses hasta un máximo de un año, para acercarse a una distancia inferior a 10 metros de los edificios sujetos a protección.
Multas y prisión para vándalos
La transgresión de la prohibición conlleva una multa de 500 a 1.000 euros. El proyecto de ley de la Fdi también castiga con prisión de seis meses a tres años incluso a quienes desfiguran o mutilan edificios públicos o religiosos y edificios sujetos a protección como bienes culturales.
El informe ilustrativo
En el informe explicativo que acompaña al proyecto de ley, la ponente Lisei destaca cómo “el derecho a optar por realizar acciones de desobediencia civil” no debe ser “absolutamente confundido con el derecho a realizar actos de vandalismo para llamar la atención de la gente sobre tal o cual problema”. o necesidad»: para el senador de la Fdi es «un no-principio que no puede ser legitimado de ninguna manera».
Objetivo disuasorio no alcanzado
Lisei enumera una serie de hechos ocurridos en el último año, que demostrarían que “el objetivo disuasorio no siempre obtiene el resultado deseado”: “basta pensar, por ejemplo”, prosigue el senador, “que conducía el vehículo, un Maserati Todoterreno de alquiler, en la escalera Trinità dei Monti, para quien haya recorrido una parte del parque arqueológico de las excavaciones de Pompeya a bordo de una scooter, también de alquiler, para quien haya practicado esquí acuático en Venecia en el Gran Canal, para los grafitis en las paredes del Coliseo, hasta la pintura en una fachada del Palacio Madama y en otros edificios de instituciones públicas. Tales acciones -remarca Lisei- tienen su propia gravedad y no pueden calificarse de ‘bravuconadas’: son graves en el ámbito social porque quienes las cometieron o no las consideraron en absoluto una anomalía de conducta o las cometieron sabiendo que eran una anomalía, pero no se ocuparon de ella en absoluto”



