
Antonella Baccaro (foto de Carlo Furgeri Gilbert).
S.estamos en esa fase de la pandemia en la que las estrictas reglas que han dominado nuestra vida en los últimos dos años al imponer la “distancia social” podrían caer.
Precisamente por eso ya hay quien piensa que se pueden aflojar.
El otro día, caminando sola en un restaurante que frecuento, escogí una mesa que me pareció que tenía la distancia justa con la de al lado, ocupada por dos hombres de negocios.
Después de unos diez minutos llegó otro cliente que pidió mesa para dos y se negó a tomar uno que estaba en posición de paso.
El restaurador tomó rápidamente esa mesa y la deslizó entre la mía y la de los dos empresarios, optando por beneficiar a este último equipándolos con una extensión que aumentaba la distancia entre ellos y los nuevos clientes.
Resultado: la mesa “ofensiva” estaba a un metro de la de ellos y a veinte centímetros de la mía. Todo esto sin siquiera preguntarme lo que pensaba. ¿Cómo hubieras reaccionado? Me levanté y le expliqué a la casera que ya no había condiciones de seguridad para que me quedara.
Mientras tanto, han surgido varias preguntas.
- Primero: ¿era posible que me trataran peor por estar sola y ser mujer? Además de otra mujer?
- Segundo: ¿es admisible alguna vez que, según las normas aún vigentes, debamos reclamar su respeto pasando por el punto preciso de turno?
- Tercero, y más importante: ¿cuántos de ustedes están listos para cancelar la “distancia social”?
Os dejo la reflexión sobre las dos primeras cuestiones. A la tercera le respondo que ciertas reglas introducidas para evitar el contagio hoy me parecen a todos los efectos normas de buena educación y bienestar. Ser salvado.
Ciertamente no estoy hablando de la prohibición de reunirse tout court. Pero la idea de que todo el mundo pueda disfrutar de un espacio público sin tener que compartirlo pegado a otra persona me parece un logro de la civilización.
PD En el restaurante, la dueña cambió de opinión y colocó a los dos clientes en otro lugar.. Pero primero eliminó por completo la distancia entre mi mesa y la vacía. Entonces parecía que estaba ocupando una mesa de cuatro solo. Una pequeña picota para un gran coñazo.
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