
Es sorprendente lo rápido que estamos dispuestos a sacar a los héroes de su pedestal en este país. Khadija Arib, una roca en las olas de la Cámara de Representantes durante años, una mujer que forzó el respeto de izquierda a derecha, es una de las víctimas de una cultura en la que las quejas anónimas parecen pesar más que los méritos probados.
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