¿Por qué una compra parece seguir dando alegría mientras que la otra se desvanece rápidamente?
Según décadas de investigación psicológica, la respuesta no radica en cuánto gastamos, sino en qué gastamos. Los estudios sugieren que, una vez satisfechas nuestras necesidades básicas, las compras experienciales, como viajar, asistir a conciertos o aprender una nueva habilidad, tienden a proporcionar una felicidad más significativa y duradera que las posesiones materiales.
Por qué las experiencias nos hacen más felices que las posesiones
Un estudio fundamental sobre el tema fue publicado en 2003 por los psicólogos Leaf Van Boven de la Universidad de Colorado Boulder y Thomas Gilovich de la Universidad de Cornell en el Journal of Personality and Social Psychology. Tras encuestar a cientos de personas sobre las compras que les hicieron felices, los investigadores encontraron que la mayoría reportaba mayor satisfacción por las experiencias que por los bienes materiales.
Como concluyeron, “Las experiencias se convierten en parte de quienes somos, mientras que las posesiones son simplemente objetos que poseemos”. Gilovich explicó que nuestras experiencias son una parte más significativa de nosotros que nuestros bienes materiales. A diferencia de un nuevo gadget, las experiencias se entrelazan con nuestra identidad y nuestra historia personal.
El problema de comprar cosas: nos acostumbramos a ellas
Los psicólogos describen esto como adaptación hedónica, nuestra tendencia a acostumbrarnos rápidamente a los cambios positivos. La emoción que sientes después de comprar una nueva computadora, coche o reloj a menudo se desvanece en pocas semanas porque el objeto se convierte en parte de la vida cotidiana. Una vez que desaparece la novedad, también se reduce el impulso emocional.
Las experiencias funcionan de manera diferente. Un viaje, un concierto en vivo o una celebración familiar no pueden convertirse simplemente en otro objeto más en una esquina. Cada vez que recordamos o hablamos de la experiencia, esta evoluciona.
La felicidad comienza incluso antes de que ocurra la experiencia
Un hallazgo sorprendente es que las experiencias a menudo nos hacen más felices antes de que sucedan. Un estudio de Amit Kumar y sus colegas, titulado “Waiting for Merlot: anticipatory consumption of experiential and material purchases,” encontró que las personas disfrutaban más al anticipar compras experienciales, como unas vacaciones, que al esperar la llegada de una compra material.
Planificar un viaje, contar los días y hacer volar la imaginación generan emociones positivas antes de que la experiencia comience. En contraste, esperar la entrega de un paquete rara vez produce la misma emoción sostenida.
Las experiencias fortalecen relaciones
Otra razón por la que las experiencias generan felicidad duradera es que a menudo se comparten con otras personas. Ya sea viajar con la familia, asistir a una boda o disfrutar de una cena con amigos, estos momentos fortalecen los lazos sociales.
Las relaciones sólidas son uno de los mayores predictores de bienestar. El famoso “Harvard Study of Adult Development: Human Connection is Key to Health and Well-Being” ha encontrado que las buenas relaciones están entre los factores más importantes relacionados con la salud a largo plazo y la satisfacción vital.
Las experiencias no solo crean recuerdos individuales, sino recuerdos compartidos, haciendo que sean aún más significativas con el tiempo.
No se sugiere que comprar posesiones materiales sea un error. Muchos artículos mejoran nuestro confort, salud o vida diaria. Sin embargo, los psicólogos argumentan que, una vez satisfechas las necesidades básicas, dirigir más gasto discrecional hacia experiencias significativas es a menudo una mejor inversión en el bienestar a largo plazo.
Lo que realmente dice la investigación
La psicología detrás del gasto no se trata realmente de dinero; se trata de memoria. Las experiencias se convierten en parte de nuestra identidad, fortalecen nuestras relaciones y continúan brindando alegría mucho después de que concluyen. Si bien las posesiones materiales tienen valor, la emoción que generan a menudo se desvanece con el tiempo.
La próxima vez que decidas entre adquirir un nuevo gadget o crear una experiencia memorable, la psicología ofrece una perspectiva interesante: años después, es más probable que recuerdes el atardecer que viste en tus vacaciones, las risas compartidas con amigos o el concierto que te hizo sentir vivo, en lugar del objeto que una vez permaneció sin abrir en una caja.
