
La primera cumbre del G20 en África: una agenda ambiciosa
La primera cumbre del Grupo de los 20 (G20) en África se inauguró este sábado en un centro de exposiciones cercano al emblemático township de Soweto, en Sudáfrica. Este evento reúne a líderes y altos funcionarios de las economías más ricas y de las naciones emergentes, con la meta de abordar problemáticas que han afectado durante años a los países más pobres del mundo.
Prioridades del anfitrión
El país anfitrión ha planteado una serie de prioridades en su agenda, que incluyen la necesidad de más apoyo para que los países pobres se recuperen de desastres relacionados con el clima, la reducción de sus cargas de deuda externa, la transición a fuentes de energía verde y la explotación de su propia riqueza mineral. Estas acciones buscan contrarrestar la creciente desigualdad global.
El Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, expresó sus dudas sobre si el G20 podría priorizar adecuadamente a los países en desarrollo. Sin embargo, subrayó el papel de Sudáfrica en presentar estos temas importantes.
La ausencia de Estados Unidos
La cumbre se lleva a cabo sin la participación del país más grande del mundo, después de que el presidente Donald Trump ordenara un boicot a causa de sus acusaciones sobre políticas de carácter racista en Sudáfrica y la persecución de su minoría blanca africana. Esta situación ha generado un profundo desencuentro diplomático entre Estados Unidos y Sudáfrica, aunque algunos líderes, como el presidente francés Emmanuel Macron, expresaron su deseo de avanzar a pesar de la ausencia de Trump.
La dinámica del G20
El G20, que en realidad comprende a 21 miembros (19 países, la Unión Europea y la Unión Africana), fue creado en 1999 como un foro que busca unir a naciones ricas y en desarrollo para hacer frente a crisis financieras globales. En conjunto, representa aproximadamente el 85% de la economía mundial, el 75% del comercio internacional y más de la mitad de la población del planeta.
Sin embargo, el G20 funciona bajo un modelo de consenso, lo que a menudo dificulta llegar a acuerdos debido a los intereses divergentes de sus miembros, incluidos EE.UU., Rusia, China, India, Japón y las naciones europeas.
Desafíos de la cumbre en Johannesburgo
Guterres advirtió que las naciones ricas a menudo no han mostrado la flexibilidad necesaria para lograr acuerdos efectivos sobre clima y reformas financieras. Las cumbres del G20 tradicionalmente culminan en una declaración que detalla los consensos alcanzados, pero esta vez, la tarea parece más complicada. Sudáfrica ha mencionado que enfrenta presiones de Estados Unidos para no emitir una declaración de líderes en ausencia de sus representantes.
El presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, ha respondido a estas presiones afirmando que “no se dejarán intimidar” y que se compromete a presentar una declaración al cierre de la cumbre.
Un cambio de rumbo inminente
La dirección del G20 podría cambiar notablemente pronto, ya que Estados Unidos asumirá la presidencia rotativa al concluir esta cumbre. La administración de Trump ha criticado abiertamente el enfoque en el cambio climático y la desigualdad, lo que sugiere que el futuro del G20 podría alterar significativamente la dinámica de estos foros.
Finalmente, el único papel de Estados Unidos en esta cumbre será la asistencia de un representante de su embajada en Sudáfrica durante la ceremonia de traspaso de la presidencia.
La cumbre de Johannesburgo plantea un escenario complicado, pero también una oportunidad para que las naciones se unan en la búsqueda de soluciones a desafíos comunes, incluso en la ausencia de uno de los actores más influyentes del mundo.


