
El ala fue comprada este verano por el entonces concejal Arno Scheepers (VVD), poco antes de su marcha. La idea era sencilla: con su propio piano de cola, los organizadores de conciertos ya no tendrían que pagar altos costes de alquiler. “El concejal se acercó a nosotros y nos dijo: ‘¿Y si compramos un piano de cola?’ Pensé que era una gran idea”, dice Alexander Later, presidente de la Fundación Council House Concerts.
La fundación recomendó al concejal un modelo adecuado que se ajustara al presupuesto, pero en el momento de realizar el pedido resultó que esa ala no estaba disponible. Scheepers optó entonces por una copia más grande, un modelo más pesado que se puede mover con gran dificultad para los conciertos.
copia más pesada
Esta decisión resultó desafortunada, afirma Later: “El piano de cola es tan grande que no pasa por las puertas de la sala y hay que sacarlo de lado”. La mudanza la realizan empleados especializados, lo que cuesta 1.500 euros cada vez. “Los costes son ahora más elevados que cuando antes alquilábamos un piano de cola a través de un tercero”, afirma el organizador.
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