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Modificación en la definición de violación: Un paso hacia el consenso
Recientemente, el Sénat de Francia aprobó de manera unánime una modificación en la definición penal del viol, integrando la crucial noción de no-consentimiento. Este cambio legislativo, que se produjo el 18 de junio, representa un hito significativo en la lucha contra la violencia sexual y la protección de los derechos de las víctimas. El proyecto de ley, impulsado por las diputadas Véronique Riotton y Marie-Charlotte Garin, busca transformar la percepción social sobre el consentimiento, promoviendo una cultura de respeto y comprensión hacia las víctimas.
JULIEN DE ROSA / AFP
La noción de no-consentimiento en la definición del viol aprobada a unanimidad en el Senado (foto de ilustración tomada durante una manifestación NousToutes en 2022 a París).
El contexto de esta modificación no puede ser ignorado. Tras el impactante juicio por violación en Mazan, donde la falta de reconocimiento del consentimiento claro resultó en una controversia pública, esta decisión legislativa responde a un clamor social por un cambio en la forma en que se aborda la violencia sexual. La propuesta busca brindar a las víctimas un marco legal más sólido que reconozca su experiencia, alejándose del modelo tradicional que solía poner en duda su palabra.
Principales cambios en la ley
La nueva redacción del Código Penal modifica la concepción de todas las agresiones sexuales al establecer que todo acto sexual debe ser considerado no consensuado si no se ha obtenido un consentimiento claro y explícito. En palabras de los autores de la ley, el objetivo es “pasar de una cultura del viol a una cultura del consentimiento”.
Entre las principales modificaciones, se destaca que el consentimiento debe ser libre, informado, específico, previo y revocable. La ley también aclara que no se puede inferir el consentimiento a partir del silencio o la falta de reacción de la víctima. Además, se define que no hay consentimiento si el acto se lleva a cabo mediante violencia, coerción, amenaza o sorpresa.
Reacciones y consecuencias políticas
Este avance no solo ha sido bien recibido por la sociedad civil, sino también por los mismos legisladores. El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, destacó que esta regulación “rompe el silencio y nombra lo que las víctimas han padecido”, mientras que Aurore Bergé, ministra de Igualdad entre mujeres y hombres, calificó la aprobación como un “paso decisivo hacia una verdadera cultura del consentimiento”.
A pesar de la unanimidad en el Senado, se hicieron ciertos cambios menores en la redacción original de la ley. Por ejemplo, el Sénat optó por que el no-consentimiento sea evaluado por los jueces según el contexto en lugar de las circunstancias adyacentes, como se había establecido en la Asamblea. Este matiz podría tener implicaciones en la forma en que se llevarán a cabo las futuras investigaciones.
Desafíos y perspectivas futuras
La modificación aún deberá pasar por una comisión mixta paritaria, donde parlamentarios de ambas cámaras buscarán llegar a un consenso. Si bien se anticipan complicaciones, el clima general es de optimismo y se espera que la ley entre en vigor en las próximas semanas. Este progreso es fundamental, no solo en términos de legalidad, sino también en un contexto cultural donde las víctimas por fin encuentran el respaldo que necesitan para hablar y reclamar justicia.
Sin embargo, persisten algunas preocupaciones entre las organizaciones de derechos humanos. Algunos activistas temen que la inclusión de un concepto de no-consentimiento podría abrir la puerta a una “contractualización” de las relaciones sexuales, donde se examine minuciosamente la conducta de la víctima en lugar de responsabilizar al agresor. A pesar de esto, la mayoría de los legisladores y defensores de derechos de las mujeres han declarado sentirse alentados por la forma en que se ha redactado la ley, ofreciendo esperanzas de que este nuevo enfoque tenga un impacto significativo en la prevención y el castigo de las agresiones sexuales.




