
Compromiso con la acción climática
“Estoy más preocupado por la efectividad que por el discurso o las declaraciones. Esta COP realmente tiene que demostrar que el multilateralismo es mejor, que hay una lógica económica para luchar contra el cambio climático y que representa una gran oportunidad para una nueva dirección en el desarrollo económico”, aseguró André Correa do Lago, el diplomático brasileño que presidirá la COP30.
Organizar las reuniones anuales de clima de la ONU presenta siempre un reto considerable: crear las condiciones para reunir a casi 200 países y conseguir que acuerden un conjunto común de decisiones y un plan de acción para hacer frente al cambio climático no es una tarea sencilla. Do Lago reconoció que la COP30 enfrenta ciertos desafíos adicionales.
Los impactos del cambio climático se intensifican —con más olas de calor y precipitaciones extremas— en todo el mundo, lo que hace que sea más urgente que los países refuercen sus esfuerzos para actuar. Sin embargo, han sido lentos en presentar la nueva ronda de metas climáticas determinadas a nivel nacional.
Problemas principales a abordar
La geopolítica fracturada, los conflictos continuos, las guerras comerciales y sus respectivas disrupciones, la reducción de fondos públicos que las naciones desarrolladas proporcionaban como asistencia al desarrollo y al clima, y la retirada de los Estados Unidos del Acuerdo de París, hacen que la tarea de garantizar una acción global concertada sea complicada.
Un negociador veterano del clima, do Lago, enfatiza que la retirada de EE. UU. de los esfuerzos globales para enfrentar el cambio climático presenta un “desafío diferente” esta vez. EE. UU., el mayor emisor histórico, se ha retirado en varias ocasiones de acuerdos climáticos —no ratificó el Protocolo de Kioto en 1997 y, más recientemente, se retiró del Acuerdo de París en 2017.
“Esta vez, EE. UU. está actuando claramente en contra de algunas de las soluciones tecnológicas para combatir el cambio climático”, señala, apuntando a la reducción de los recursos disponibles para la investigación, así como a los esfuerzos deliberados por limitar la energía eólica y los recursos disponibles para ella. “Es muy diferente del negacionismo; ahora hay un esfuerzo por socavar la lógica económica de la lucha contra el cambio climático”.
Lógica económica de la acción climática
Parte del esfuerzo de Brasil en la COP30 en Belem es contrarrestar el esfuerzo que niega la lógica económica de actuar en torno al cambio climático. “Creo firmemente que la lucha contra el cambio climático puede ser procrecimiento, prodesarrollo y propueblo, y puede mejorar la vida de las personas”, afirmó do Lago.
Al centrarse en la implementación, y hacer que las decisiones tomadas en las reuniones de la ONU sean relevantes para la gente, do Lago espera demostrar que la acción climática no es perjudicial para el crecimiento económico.
La clave de todo esto es enfocarse en la implementación. Belem, sin embargo, no es la primera reunión climática de la ONU que enfatiza este aspecto; lo que hace que el enfoque de Brasil sea diferente es el contexto.
“Han pasado diez años desde París; hemos completado la mayoría de las negociaciones importantes bajo el Acuerdo de París, y hemos tenido la primera revisión global que ofrece una imagen clara de lo que hay que hacer. Por lo tanto, existe un cambio de negociaciones y acciones a implementación”, comentó el presidente de la COP30.
No obstante, son las circunstancias globales cambiantes y el creciente costo de la devastación causada por el cambio climático lo que dificulta que los países en desarrollo hagan más para reducir las emisiones y adaptarse a los impactos climáticos.
Las expectativas son altas y el mundo observa con atención. La COP30 no solo representa una oportunidad para reafirmar el compromiso global con la acción climática, sino también para explorar formas prácticas de integrar el desarrollo sostenible a las iniciativas climáticas. Lo que se discuta y acuerde en Belem podría definir el rumbo de la política climática mundial durante la próxima década. La cooperación y la innovación serán elementos imprescindibles para abordar uno de los mayores retos que enfrenta la humanidad en el siglo XXI.
