
Una ley contra la violación causa revuelo en la política española. El Gobierno socialista del presidente del Gobierno Pedro Sánchez (PSOE) está bajo fuego tras aprobar una ley, apodada Solo si es si (“Sólo sí significa sí”), para ayudar a las víctimas de delitos sexuales. El problema es que los delincuentes sexuales parecen beneficiarse de esta ley. Los partidos de gobierno se han visto envueltos en un conflicto por la solución de ese problema.
La ley fue ideada por el socio de coalición más pequeño del PSOE, la alianza socialista de izquierda Unidas Podemos, y fue aprobada en el verano del año pasado después de mucha oposición de la derecha política. La ley estipula que el sexo sin consentimiento explícito es punible.
La introducción de la ley fue ampliamente celebrada por mujeres de todo el país. Fue precedida por una lucha de años, que surgió a raíz de una violación en grupo en Pamplona en 2016, en la que cinco hombres violaron a una mujer joven y la filmaron. Fueron declarados culpables de agresión, pero absueltos de violación en grupo, porque la mujer no pudo probar que se había negado a tener relaciones sexuales. Este veredicto provocó grandes protestas en el país. Al final, la Corte Suprema rechazó la decisión del tribunal y los perpetradores fueron condenados a 15 años de prisión.
Reducción de sentencia
Pero la alegría después de la aprobación de la ley en agosto del año pasado duró poco. Según los expertos, la ley no funcionaría correctamente, porque la legislación española prescribe que los condenados pueden reclamar una reducción de la pena si una nueva ley reduce la pena por su delito. La ministra Irene Montero (Igualdad, Unidas Podemos) también ha eliminado la diferencia en la gradación de los delitos sexuales. Esto significa que todos los delitos sexuales de ahora en adelante caen bajo el mismo predicado legal.
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La consecuencia no deseada de esto fue que las sentencias para los delincuentes sexuales resultaron ser más bajas. Desde la introducción de la ley, se han reducido las sentencias de trescientos perpetradores y al menos veinte han sido puestos en libertad. Esto genera una gran indignación.
Blanco de la crítica
La ministra Montero, para quien la ley debería haber sido su mayor éxito político, ha sido blanco de críticas en las últimas semanas. El presidente del Gobierno Sánchez está intentando cambiar la ley, pero necesita el apoyo del parlamento para ese cambio. El partido opositor de derecha Partido Popular ya ha expresado ese apoyo.
Eso debería ser suficiente numéricamente para que Sánchez cambie la ley, pero prefiere que su socio de coalición se dé la vuelta. La ministra Pilar Llop (Justicia, PSOE) intenta desde noviembre convencer a Montero para que apruebe la reforma de la ley. Esto incluiría un retorno a los castigos previos a la reforma.
Pero el PSOE no puede contar con ese apoyo por el momento, porque Montero cree que el problema no es la ley en sí, sino la forma en que la aplican los jueces. “No podemos volver a una ley que obliga a las mujeres a demostrar que hemos resistido lo suficiente o que no hemos estado bebiendo. Si Sánchez se une al Partido Popular para derogar la ley, no solo traicionaría a las mujeres, también cometería un error político del que se arrepentirá”.
