
Las empresas cierran, las inversiones han sido pospuestas o incluso canceladas. La política parece sorda para alarmar las señales sobre las amenazas de la industria: miles de empleos ya han desaparecido, dicen que millones de empleos están en juego, dicen los directores. Los Países Bajos imponen demasiadas demandas adicionales a las empresas. Los competidores en Europa reciben un subsidio. Incluso antes del verano, el gabinete tiene que tirar de la billetera, exigen. “Bruselas es la posibilidad, ahora el gabinete tiene que tomar medidas”.
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