
Las granjas de terneros están preocupadas por la posible presencia de fiebre aftosa. Los terneros han llegado a 125 granjas en los Países Bajos desde Brandeburgo, Alemania, donde se diagnosticó fiebre aftosa en tres búfalos de agua muertos. La granja de terneros de la familia Gelmers-Pierik en Dwingeloo es una de esas empresas.
El estado de ánimo de Larissa Pierik no se ve afectado por la situación. “No, no nos preocupamos. No nos dejamos engañar. Por el mismo dinero, no hay nada de qué preocuparse.”
El fin de semana pasado, el mensaje provino de la Autoridad Holandesa de Seguridad de Productos de Consumo y Alimentos (NVWA). Para ello se investigarán más a fondo 125 granjas con terneros importados. Al parecer, al menos 3.600 terneros han sido transportados a nuestro país desde el estado “infectado” de Brandeburgo. 527 llegaron a Gelmers-Pierik el martes pasado.
La granja de terneros Dwingelder aún no ha recibido ninguna notificación de la NVWA. “Ya me lo esperaba”, dice Pierik. Hasta entonces tendremos que esperar y ver. “Por supuesto, ya estamos tomando precauciones. Al establo no entran personas que no tienen por qué estar allí. También prestamos atención a la ropa y el calzado para evitar la propagación”.
Ciertamente, condiciones como las de principios de este siglo aún no se corresponden con las expectativas, afirma el presidente de LTO Noord, Dirk Bruins. “Aunque estamos atentos, porque queremos evitar en todo momento una situación como la de 2001”.
Bruins se refiere a la crisis de la fiebre aftosa de hace más de veinte años, en la que se sacrificaron (preventivamente) casi 270.000 animales de 2.500 explotaciones ganaderas. Las vacas en particular padecían fiebre aftosa, con síntomas como ampollas dolorosas en las patas, las ubres y la boca.
La ministra de Agricultura, Femke Wiersma (BBB), ha tomado medidas para prevenir un posible brote de fiebre aftosa. El ministro ha anunciado, entre otras cosas, la prohibición de sacar terneros de ternera. Quedan excluidos de ello los animales destinados al sacrificio.
Las medidas son “por precaución”, explica Bruins. Según él, no hay pánico. “Hoy en día podemos controlarlo todo y rastrearlo. Se conoce el paradero de los animales que entran. Ya no se ve nada en el aire. Se han aprendido lecciones del pasado”. La NVWA ahora está llevando a cabo investigaciones en las granjas donde se mantienen los terneros importados.
Wiersma tampoco teme todavía a las empresas “contaminadas” en los Países Bajos. “Actualmente no hay motivos ni sospechas de que exista una situación sospechosa en una empresa de los Países Bajos”.

