
En Lecce destacan especialmente los errores de Kalulu y la mala actuación de Hernández, pero es toda la fase defensiva la que se filtra: en los últimos nueve del campeonato, solo un partido con portería a cero
Lo que se ve sobre el terreno de juego en algunos partidos -tres amistosos, tres de Liga y uno de Coppa Italia- choca discretamente con lo que viene ocurriendo últimamente en el Milanello. Y ese es un entrenador que cancela días y noches libres en casa con el fin de tener más horas para estar con sus jugadores para poder explicárselos. Para ilustrar. Métete en la cabeza qué errores evitar y los caminos virtuosos a seguir. Porque, por ejemplo, si el resultado de haber hecho dormir a todo el mundo en el Milanello tras la tontería de la Coppa Italia es el que vimos en Lecce, entonces hay dos casos: o el entrenador ya no sabe explicarse bien, o su muchachos, alguna razón por la que ya no pueden seguirlo.
Autopista
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La primera mitad en Lecce fue una galería de horrores a la que es realmente difícil dar una explicación racional. Por una simple razón: en los tres años de Pioli, el Milán nunca había tenido un desmayo colectivo tan evidente, en tan poco tiempo. Amnesias individuales y de sala. Un espectáculo, por así decirlo, difícil de creer por la locura de su guión. El acusado número uno es Kalulu, que destaca en la negativa en los dos goles del Apulia. En el primero falla el apoyo en la banda, pega demasiado débil unos metros fuera del área y abre la vía a la acción que desemboca en el gol en propia puerta de Hernández. El segundo gol de Giallorossi, por otro lado, lo vio fallar el centro de Hjulmand que aterrizó en la cabeza de Baschirotto. Dos apuntes en este caso: a diferencia del primer episodio, donde la mayor parte de la responsabilidad es de los franceses, la culpa es compartida en el segundo. De acuerdo, se puede ver a Pierre pasándose el balón por encima de la cabeza, pero la acción comenzó desde un córner y cuando Hjulmand remata dentro del área, la defensa está alineada. En línea. Teóricamente listo para repeler el asalto. En otras palabras: no hay movimientos particulares, cortes o agujeros creados por los cruces de los hombres de Baroni. Es todo muy escolástico: un centro certero en la cabeza de un jugador que cabecea con la misma precisión.
Miedo
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La cifra muestra que el Milan ha concedido siete goles de cabeza, más que cualquier otro equipo en este campeonato. Y los datos también muestran que los rossoneri están luchando como un demonio con los balones inactivos de otros jugadores, como explicó perfectamente el dos contra uno ante la Roma. Salvo que en ese caso, al menos, el Milan venía de 85 minutos jugado decididamente bien. En Lecce también vimos escenas cómicas -por así decirlo, también en este caso- con jugadores que chocaban en la primera mitad por el frenesí, y por el frenesí barrían el área y aterrizaban cerca del área como si fuera el último minuto. de recuperación En definitiva, el miedo a equivocarse y la falta de tranquilidad son factores evidentes, combinados con el agravante de enfrentarse a un rival con dieciocho puntos menos. Y si Kalulu es quien lleva la cruz más pesada, los demás ciertamente no son inmaculados. Hernández le sigue de cerca por ejemplo -y lo preocupante a pocos días de la Supercopa-, agotado y poco concentrado. Tanto en los tiempos de reacción que le llevan a perseguir a Blin con un claro retraso, con resultado de colarse en propia portería, como en la falta de lucidez y pierna en la fase de empuje.
Producir
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Cuando Kalulu no se equivoca, se equivoca Tomori, que está pasando una temporada con un rendimiento muy inferior al del año pasado. Pioli los pone frente a la pizarra táctica, les da lecciones de análisis de video y luego prueba todo en el campo, pero obviamente eso no es suficiente porque las cosas están cada vez peor. En los últimos nueve partidos ligueros, el Diablo ha mantenido la puerta cerrada solo una vez, en Cremona. Y la última vez que coincidió con un hoja limpia en los tres puntos estuvo igualado hace tres meses (8 de octubre, 2-0 ante la Juve). Entre diciembre y enero, el Milan disputó siete partidos (tres amistosos, tres de liga y uno de la Coppa Italia), encajando siempre goles para un total de 16 goles encajados. Y lo que destaca, dramáticamente, es sobre todo la facilidad con la que los contrarios encuentran el camino hacia la red.
14 de enero – 21:31
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