
En el depósito de Hoogeveen se almacenan dos tipos de sal. En una parte del cobertizo la sal es casi tan blanca como la nieve, la otra montaña se ve mucho más amarilla. Peter Snippe explica: “Esa sal blanca se parece a la sal que también tenemos en la mesa, que es sal de vacío y que es mucho más fina que la sal amarilla. La sal amarilla es sal de roca, la sal con la que, literalmente, rociamos. sal la disolvemos en un líquido, que le agregamos a la sal de roca, para que no se la lleve el viento y enseguida se pegue bien a la carretera. Esa sal blanca funciona mejor, contamina poco y eso es mejor para las máquinas”. Pero según el coordinador de la sal, esa sal también es mucho más cara.
Después de varias noches frías, Snippe y sus colegas ahora esperan la próxima plaga invernal. ¿Y qué hace un coordinador de sal cuando termina el invierno? Peter Snippe responde con una sonrisa: “Evaluar, centrarse en el próximo invierno, buscar nuevos equipos, el suministro de sal y otros trabajos para Rijkswaterstaat”.
