
Captura de pantalla de un livestream
En live sur Kick, JP (à gauche) et « Coudoux » (au centre de l’image) subían las constantes humiliaciones de otros streamers como Naruto (a la derecha).
INTERNET – La **plataforma Kick** ha captado la atención recientemente, pero no precisamente por razones positivas. Desde la trágica muerte del streamer francés **Raphaël Graven**, conocido en línea como **« Jean Pormanove »** o **« JP »**, la controversia en torno a esta plataforma que aspira a competir con **Twitch** se ha intensificado.
Si la muerte de JP en la noche del 17 al 18 de agosto ha provocado múltiples reacciones, es en gran medida debido a las revelaciones de **Mediapart**, que ya en diciembre había alertado sobre las constantes **humillaciones** que él sufría por parte de otros streamers en esta plataforma australiana con regulaciones mucho más laxas que las de Twitch.
El 19 de agosto, la Fiscalía de **Niza** anunció la apertura de una investigación para determinar las **causas de la muerte**, después de que el cuerpo de JP fuera encontrado sin vida en su local de streaming. Esta investigación ha generado inquietud, dado que la muerte del exmilitar de 46 años presuntamente fue transmitida en directo por **Kick**. Además, ya había una investigación previa en marcha relacionada con **«violencias voluntarias en reunión sobre personas vulnerables»** y la **«difusión de grabaciones que denotaran atenciones voluntarias a la integridad de las personas»**.
Su fallecimiento ha desencadenado numerosas preguntas sobre las reglas de uso de la plataforma, al punto que la **ministra delegada a cargo de la Digitalización**, Clara Chappaz, ha solicitado explicaciones. Además de instar a la **Arcom**, enfatizó que **“la responsabilidad de las plataformas en línea respecto a la difusión de contenidos ilícitos no es opcional: es ley”**.
Un Nuevo Eldorado, Lejos de Twitch
A pesar de ser forzada a pronunciarse, Kick no ha aportado mucho, limitándose a explicar en un correo a la AFP que **“no puede proporcionar ninguna información debido a su política de privacidad”**. En sus condiciones de uso, el sitio afirma que **“aunque la violencia puede ser contextual y tener consecuencias variables, prohibimos todo contenido que represente o incite a una violencia odiosa”**.
En su lanzamiento, Kick llamó la atención principalmente por su diferencia con Twitch, propiedad de **Amazon**. La plataforma pretendía provocar al gigante estadounidense ofreciendo una **moderación** más laxa —por no decir inexistente— y comisiones de ingresos mucho más atractivas para los streamers. Además, la plataforma permitía contenido **sulfuroso** que otras plataformas no tolerarían, como juegos de azar, contenido sexual o discursos de odio.

Captura de pantalla de Kick.com
La página de inicio de la plataforma Kick, que se parece notablemente a la de su principal competidor, Twitch.
Si bien la **moderación** sí existe enKick, el sitio aprovecha esta imagen más **“trash”** para atraer a más espectadores y streamers. Desde figuras reconocidas como **xQc** o el maestro de **ajedrez** **Hikaru Nakamura**, hasta nombres menos conocidos, todos pueden expresarse con más libertad en comparación con la plataforma competidora de Amazon.
Fuga Hacia Adelante
En este contexto, JP y los demás miembros de su colectivo de streamers **(Le LokalTV)** ganaron popularidad en Kick y otros medios sociales, logrando que la canal **“Jeanpormanove”** se convirtiera en el más seguido en **Kick Francia**. A pesar de que inicialmente el contenido giraba en torno a los **videojuegos**, esta tendencia no perduró.
A lo largo de los últimos años, JP frecuentemente fue acompañado en sus transmisiones por **“Coudoux”**, un hombre con discapacidad motora, que se convirtió en blanco de **humillaciones** constantes. Las agresiones, trucos pesados y **humillaciones psicológicas** eran organizadas por otros dos streamers, conocidos como **“Naruto”** y **“Safine”**.

De izquierda a derecha: Jean Pormanove, Safine, Coudoux y Naturo.
En su investigación, **Mediapart** reveló detalles sobre este **“negocio de maltrato en línea”**, permitida por la laxitud de la plataforma. Entre donaciones y suscripciones, su actividad en Kick les reportaba considerables ingresos. Esto provocaba una **fuga hacia adelante**, buscando ofrecer conceptos cada vez más **violentos** y atractivos para los espectadores. En este escenario, JP y Coudoux, considerados como personas **“frágiles”**, sufrían la **empeina** financiera de **“Naruto”** y **“Safine”**.
Al confrontar a Kick con su responsabilidad como difusor de la violencia filmada en directo, Mediapart solo recibió una respuesta breve: **“No buscamos influir sobre el contenido que nuestros creadores eligen transmitir. Sin embargo, si este contenido infringe nuestras condiciones de uso, podemos imponer una prohibición, suspender o eliminarlo.”** Tras ser prohibido, el canal finalmente reanudó sus actividades, aunque con una violencia que aún perdura.
Antes de su muerte, **JP** había sido víctima de **horas de maltrato** transmitidas en directo por Kick. Las imágenes de su cuerpo sin vida ya no están disponibles en **replay**.
La situación en torno a la plataforma Kick pone de manifiesto la necesidad urgente de establecer regulaciones más estrictas en la industria del streaming. El caso de JP es un trágico recordatorio de los peligros que existen en comunidades virtuales donde la mala conducta puede néctar consecuencias letales. La responsabilidad no puede recaer únicamente en los creadores de contenido; las plataformas también deben desempeñar un papel activo en la protección de sus usuarios más vulnerables.



