
“Está al final del prado, ahí es donde está”, señala al volante de la furgoneta. Desde la granja lechera de la familia Terlouw hasta el avión hay un corto trayecto en coche. La última parte la cubrimos caminando, o más bien en remojo.
Es un avión bastante pequeño, señala. “Esperaba que fuera más grande. Tiene capacidad para cuatro personas. Pero nunca me sentaría en él, jaja”.
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