El ministro de Economía, Comercio e Industria de Japón, Yasutoshi Nishimura, anunció el 11 de noviembre de 2022 el lanzamiento de una entidad cuyo objetivo será competir con las empresas de semiconductores chinas, taiwanesas, surcoreanas y estadounidenses. Esta revelación llega como un último intento de Japón de convertirse en un competidor serio en un sector que ha dominado durante mucho tiempo. El país desea garantizar una soberanía que ha ido perdiendo paulatinamente en los últimos años. Este anuncio también va acompañado de inversiones, asociaciones y medidas que deberían permitir que esta futura empresa se convierta en líder en componentes electrónicos en Japón.
Japón y los semiconductores, una larga historia llena de trampas
Todo comenzó a mediados de la década de 1970. Fue durante este período que el Archipiélago se posicionó en el mercado de los semiconductores y vio la posibilidad de ser uno de los pioneros en el sector. Durante esta década, Estados Unidos y Japón compartieron este mercado como principales productores y exportadores. Fue durante la década de 1980 cuando el país asiático superó por primera vez al gigante estadounidense. Esta dominación, aunque modesta, será efectiva hasta finales de la década de 2000 cuando entre en juego un nuevo competidor: Taiwán.
Con su surgimiento, este país fronterizo con China se interesará en la producción de componentes electrónicos de alto rendimiento. Poco a poco, Japón está cada vez más en retirada. No logra seguir el ritmo de su competidor histórico, los Estados Unidos, y el recién llegado, Taiwán.
Sin embargo, con la llegada al frente de Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), Japón podrá tomar una decisión fuerte. Decide dejar de preocuparse por la producción de semiconductores y delegarla en la empresa taiwanesa. Al mismo tiempo, Corea del Sur entra en el baile con su famosa multinacional, Samsung. Japón pierde automáticamente su posición de liderazgo y ninguna empresa japonesa se encuentra entre los 10 principales fabricantes de semiconductores en 2021.
Sin embargo, en 2020, con la pandemia del Covid-19 y los sucesivos confinamientos, en casi todo el mundo la economía se está ralentizando y se está produciendo una escasez de componentes electrónicos. La demanda de semiconductores se dispara al igual que la demanda de productos electrónicos. La cadena de suministro se ve interrumpida por la crisis sanitaria, pero también por diversos eventos, en particular climáticos y ecológicos.
El mundo descubre su dependencia de los semiconductores. Ante esta conciencia, la Unión Europea y Estados Unidos están implementando la Chips Act, planes para incrementar su producción local, en un ambiente donde la noción de soberanía económica es fundamental. Este es el caso de la Unión Europea pero también de Japón, que desea mantenerse en la carrera de los semiconductores y competir con los principales actores del sector.
Finalmente, Japón debe lidiar indirectamente con las tensiones entre China y Estados Unidos. Estos últimos han decidido imponer restricciones a la exportación de sus chips de alto rendimiento dentro del Reino Medio. Este último solía delegar la producción de sus chips al líder TSMC. Con estas sanciones, China ya no podrá designar a TSMC como su productor de chips de alto rendimiento, lo que podría afectar los ingresos del gigante taiwanés, y por tanto por efecto dominó, el país del Sol Naciente del que depende esta compañía.
” A medida que se intensifica la lucha por el control de la tecnología entre Estados Unidos y China, aumenta la importancia de los semiconductores desde una perspectiva de seguridad económica dice Yasutoshi Nishimura. Teniendo en cuenta todos estos elementos, el gobierno japonés ha tomado medidas radicales para tratar de acabar con esta dependencia.
Rapidus: la nueva entidad que tendrá que competir con TSMC y Samsung
Rápido. Así se llama la nueva entidad presentada por Japón a principios de noviembre. Su objetivo será organizar el retorno del país como uno de los principales actores del sector de los semiconductores. Se enfocará en particular en la fabricación de chips para transporte, ciudades inteligentes e inteligencia artificial, tres áreas que el país considera esenciales. Ya en 2027, Rapidus comenzará la producción de chips grabados de 2 nanómetros (nm), el mismo tamaño de grabado que los chips más pequeños que producirá TSMC para 2024.
Tetsuro Higashi, expresidente de Tokyo Electron, proveedor de equipos electrónicos, y Atsuyoshi Koike, exgerente de Western Digital Japan, fabricante de chips de memoria, son las dos personas designadas por el gobierno japonés para llevar a cabo este proyecto. El objetivo es garantizar que, en cinco años, Japón tenga operaciones de fundición de calidad, que puedan competir con las de los gigantes taiwanés, surcoreano y estadounidense.
Según Atsuyoshu Koike, Japón acumula un retraso estimado de al menos diez años frente a los gigantes del sector de los semiconductores. Rapidus representa, por tanto, la nueva estrategia puesta en marcha por el archipiélago para volver a la carrera por la producción de chips y procesadores de alto rendimiento.
Este plan de acción es visto como la operación de “última oportunidad” por Atsuyoshi Koike. En 2006, tres grupos japoneses, Toshiba, Hitachi y Renesas Technology, ya tenían previsto lanzar una fundición, Elpida Memory, que competiría un poco más con Estados Unidos e intentaría frenar el crecimiento chino. Desafortunadamente para Japón, las tres entidades no se llevaban bien y esta nueva empresa solo sobrevivió seis años antes de su desaparición en 2012.
Para garantizar que las actividades de Rapidus puedan comenzar en cinco años, ocho empresas japonesas apoyarán este proyecto. Los fabricantes de automóviles Toyota y Mishubishi, el gigante de la electrónica y los videojuegos Sony, los especialistas japoneses en componentes electrónicos Tokyo Electron y Kioxia, el holding SoftBank, así como los grupos de telecomunicaciones NEC y NTT, invertirán 7.300 millones de yenes, o 51 millones de euros para el lanzamiento de la actividad. El Estado deberá pagar, por su parte, 70.000 millones de yenes, unos 485 millones de euros.
Durante los próximos diez años, todos estos jugadores invertirán 5 billones de yenes, o 35 billones de euros, para el correcto funcionamiento de Rapidus. A modo de comparación, la American Chips Act prevé inversiones de 53.000 millones de euros durante 8 años, mientras que la Comisión Europea prevé invertir 43.000 millones de euros en el mismo período.
Otras medidas previstas para impulsar el ecosistema de componentes electrónicos en Japón
A principios de 2022, el archipiélago decidió acercarse a varios países para formar lo que pronto podría ser el Chip 4: una alianza que reúne a Corea del Sur, Taiwán, Japón y Estados Unidos en torno a los semiconductores. Si por el momento, el proyecto es solo un embrión, el país del Sol Naciente no ha dudado en prestar ayuda a las empresas coreanas, americanas o taiwanesas del sector que deseen establecerse en su territorio.
El Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón ha realizado varias inversiones. En septiembre, el gobierno japonés se comprometió a destinar 46.500 millones de yenes (320 millones de euros) al fabricante de chips estadounidense Micron para que aumentara la capacidad de producción de su fábrica ubicada en Hiroshima. De la misma manera, Tokio apoyará el proyecto de construcción de una fábrica de TSMC en su territorio.
Junto a ello, el país también ha ayudado a sus propios actores del sector. 93.000 millones de yenes (640 millones de euros) fueron utilizados por Kioxia y la estadounidense Western Digital para incrementar su producción en el país. Esto permitió a Kioxia abrir una fábrica de chips de memoria, a pesar de la recesión del mercado.
Además del lanzamiento de Rapidus y el proceso de pensamiento para la creación del Chip 4, el gobierno japonés también ha decidido crear para fin de año, un centro de tecnología avanzada de semiconductores llamado Leading Edge Semiconductor Technology Center (LSTC). En estas nuevas instalaciones, investigadores especializados en el sector podrán continuar su trabajo con el fin de desarrollar componentes electrónicos de última generación. Aquí nuevamente, algunos de los proyectos que se llevarán a cabo en el LSTC podrían realizarse en asociación con empresas estadounidenses como IBM.
Con todas estas medidas, Japón pretende ponerse al día en producción y estar siempre a la vanguardia tecnológica. Con estas cuantiosas inversiones, el archipiélago espera, al igual que Estados Unidos y la Unión Europea, que las empresas puedan invertir en la construcción de fábricas en sus territorios, como TSMC en Arizona.
