
Después de repetidos correos electrónicos del óptico, fui a un examen ocular periódico. Con ligera desgana, porque ¿no es eso un poco superfluo? Tomo asiento detrás del medidor de ojos y el óptico comienza: “Léelo”. Con confianza digo: “Catorce, seis, once”. El óptico me mira desconcertado: “Señora, estas son letras…”
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Una versión de este artículo también apareció en el periódico del 22 de noviembre de 2022.

