
A partir de las 12.00 horas se permitió a los residentes entrar en sus viviendas para hacerse con los objetos más importantes o para recoger alguna mascota que se hubiera quedado el pasado fin de semana.
El lunes hubo un operativo similar. Sólo aquellos que no habían logrado entrar en la ciudad en ese momento pudieron realizar un nuevo intento el martes. La policía revisó la vía de acceso y al cabo de un rato no se permitió la entrada a más coches debido a la multitud.
Grindavík se encuentra a unos 40 kilómetros al suroeste de la capital, Reykjavik, en la península de Reykjanes, que lleva días amenazada por una posible erupción volcánica. Los aproximadamente 3.700 residentes tuvieron que abandonar sus hogares el sábado por la noche porque un túnel de magma de unos 15 kilómetros de largo discurre bajo Grindavík hasta el fondo del mar. La atracción turística Blue Lagoon, una piscina geotérmica al suroeste de la capital, Reikiavik, también fue cerrada por precaución.
El Servicio Meteorológico Islandés anunció que desde medianoche se han producido unos 700 terremotos. El más fuerte tenía una fuerza de 3,1. Las mediciones indicaron que aún más magma fluía hacia arriba. Según los cálculos, el magma se encuentra a sólo unos 800 metros de la superficie terrestre. Por tanto, el riesgo de una erupción sigue siendo alto.



