
Por ahora es un cuadro por llenar. La reforma de los incentivos empresariales, pasada al Consejo de Ministros bajo la forma de un proyecto de ley habilitante, sólo se materializará con la aprobación de los decretos legislativos que se aprobarán en un plazo de 24 meses. El Gobierno de Meloni tarda el doble de lo previsto en la primera versión de la disposición, aprobada por el ejecutivo de Draghi en mayo de 2022 pero que luego acabó en un punto muerto en el Parlamento por el cierre anticipado de la legislatura.
Frente al objetivo inicial, señalado en el Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia, es decir, la redacción de un “Anteproyecto de ley sobre la revisión orgánica de los incentivos y el fortalecimiento y simplificación de los mismos para las empresas del Sur”, en realidad solo quedaba la primera parte. Porque sólo se dedica una referencia genérica entre los objetivos generales al Sur ya la cohesión territorial, unas pocas líneas de los 9 artículos de la disposición.
Horizonte de tiempo
Entre los principios que el gobierno deberá respetar en la elaboración de los decretos legislativos está el “plurianualidad y certeza del horizonte temporal” de los incentivos, realizando una serie de valoraciones ex post sobre la disposición real de la medida, es decir, sobre cómo mucho se ha utilizado de las empresas. La idea del Ministerio de Empresa y Made in Italy (Mimit) es la de una reorganización que no afecte el monto total de los recursos otorgados sino que los reorganice, como había sucedido con la anterior reforma de 2012 que, al recortar varias normas , había creado el Fondo de Crecimiento Sostenible. Según el último Informe Anual de intervenciones de apoyo a la actividad productiva, en 2021 las medidas anti-Covid y las ayudas energéticas inflaron el techo de incentivos, que alcanzó los 25.000 millones de euros concedidos con un incremento del 165% respecto a 2020. A partir de la base de datos de la Registro Nacional de Ayudas, se encuestaron 1.982 intervenciones en 2021, de las cuales 229 de administraciones centrales y 1.753 de administraciones autonómicas. Un perímetro que incluye intervenciones tributarias gestionadas por la Agencia Tributaria (81) e intervenciones de garantía (65). Sin embargo, la relación se invierte en términos de recursos comprometidos: 85% a nivel de la administración central (24.100 millones) frente al 15% en las regiones.
Racionalización de la oferta de incentivos
Entre los objetivos de la delegación se encuentran “la racionalización de la oferta de incentivos, identificando un conjunto definido, acotado y ordenado de modelos de facilitación”, la armonización de las reglas en un Código único y la selección basada también en los “resultados de implementación y la que se encuentran en el sistema empresarial”. La programación de las intervenciones debe realizarse “para asegurar un apoyo continuo y plurianual” y la conexión con el sistema de incentivos autonómicos, incluidos los financiados con fondos de la UE, debe pasar también por convenios específicos Estado-Región.
Frente de simplificaciones
Todo ello prometiendo diversas simplificaciones, por ejemplo en lo que se refiere a los procedimientos de control de las empresas beneficiarias y en relación a las certificaciones sobre los requisitos para acceder a las subvenciones. En este sentido, se prevén protocolos operativos para agilizar la emisión del documento único de cumplimiento de la seguridad social (Durc) y de la documentación antimafia. Espacio también para un pasaje sobre algoritmos de inteligencia artificial, que podrían utilizarse para mejorar el seguimiento del estado de implementación de medidas individuales.



