
IMola nunca ha sido solo un circuito, es un lugar lleno de memoria. Hubo quienes en ese intersticio, en esa verde de tierra verde húmeda por Santernio, vieron la épica de la velocidad. “Será un pequeño Nurburgring”, dijo Enzo Ferrari con vistas a ese terreno montañoso. Tenía razón. Desde 1980 hasta hoy, el GP de Imola ha sido todo: deporte y mundanalidad, gloria y otoño, desgracia y leyenda. Alguien dejó nuestra vida, la vida de los demás lo cambió. Siempre ha habido algo magnético a lo largo de esas curvas, lo mismo que los ventiladores con cada GP se llenan para no ver, pero para escuchar el ruido de las máquinas, el plato único que de generación en generación ha cambiado el sonido de este deporte. No es exactamente el sonido del silencio. La ciencia dice que la curva más dura es 17, la Rivazza, allí las máquinas van de 292 a 122 kilómetros por hora en 2.09 segundos. Un bagatel. Pero es la literatura, que no tiene números, lo que alimenta recuerdos. Aquí hay 10 momentos inolvidables (hermosos y feos) que hicieron la eterna pista de imola.
