
El “Spid Day” organizado el pasado sábado en Saluzzo, en el área de Cuneo, probablemente no habrá sido inútil: 26 nuevas identidades digitales emitidas a ciudadanos con una media de edad de 50 años gracias al trabajo de un equipo de “facilitadores digitales”, nueve jóvenes que participan en una iniciativa destinada a apoyar el acceso de los ciudadanos a los servicios digitales. Veintiséis nuevos Spids activados que se suman a los más de 33,3 millones de ciudadanos italianos que han aprendido a utilizar la identidad digital única. Eran poco más de cinco millones y medio en enero de 2020, en vísperas de la emergencia del Covid-19 que habría hecho estallar su adopción.
Una experiencia positiva
Su registro no será inútil porque, sea como sea que se proceda, esos ciudadanos han aprendido a lidiar con las dificultades del registro, se han familiarizado con los procesos digitales y de inmediato han podido usar Spid para acceder a los servicios públicos habilitados de manera simple y remota. Pero tampoco será en vano porque la experiencia de la solución que permite a los ciudadanos acceder a los servicios de la administración pública con un simple usuario y contraseña, como en cualquier web, no se puede tirar por la borda.
También Europa nos exige que vayamos en esta dirección y por tanto no será posible volver atrás. Y ni siquiera parece la intención del gobierno.
Ciertamente las palabras del subsecretario de Innovación Tecnológica, Alessio Butti, han encendido la mecha de la polémica sobre las verdaderas intenciones respecto a la continuación del proceso de digitalización del país y han generado un clima de confusión. Pero la intención no es renunciar a la identidad digital, sino unificarla en forma de documento de identidad electrónico (Cie) con un proveedores de identidad único, el Ministerio del Interior. Y con un formulario que sin duda resulta más familiar para los ciudadanos, ya que se trata de la versión electrónica de los tradicionales documentos de identidad en papel: un formato digital que permite contener una serie de datos personales, al igual que Spid, junto con las huellas dactilares para el reconocimiento biométrico.
Pros y contras de las tarjetas de identificación electrónicas
Sin embargo, como admite el propio Butti, adolece de las mismas limitaciones que el gemelo de papel: hay que ir físicamente a la sede del Ayuntamiento de residencia para obtenerlo, pagar 16,79 euros y los tiempos son decididamente largos, cuando en cambio hoy lo digital tiene acostumbrarse al tiempo (casi) real. Además, el soporte físico del CIE garantiza esa seguridad de “tercer nivel”, que hoy no tiene Spid (pero que necesariamente tendrá que adoptar).



