
El delantero del Sporting, nuevo maestro de los goles europeos, explotó tarde, entre informes negativos y regates del mercado de fichajes. Ahora, sin embargo, ha desatado todo su poder, precisamente en el desafío contra una estrella que tiene mucho en común con él.
Queríamos el espectáculo, una lucha entre maravillas. Viktor Gyökeres, el caníbal. Erling Haaland, el torbellino. Vikingos modernos, desde el área. Hicieron temblar los pilares del mundo, pero tenía que haber un ganador. El Sporting-Manchester City fue mucho más que un partido. Casi un enfrentamiento entre estos dos delanteros de la nueva era. Inteligente, rápido, elástico. Pero también grande, fornido, escultural y, en definitiva, clásico en esencia y fisonomía. Delantero centro como hacía tiempo que no veíamos. Nueve evolucionados, dioses de los goles. Sin embargo, el éxito del portugués en la noche de la Liga de Campeones marca la superioridad -temporal, quién sabe- de Gyökeres sobre su rival. Ante el City el sueco abrió y cerró el marcador, marcando en la primera parte y marcando dos goles más en la segunda (ambos de penalti). El juego de Haaland se detuvo en el larguero, un golpe en el corazón, y luego se ahogó en la incertidumbre. Final: 4-1. Hace unos días, Viktor había marcado cuatro goles en Liga contra el Estrela, uno tras otro, y con el trío de la tarde en Lisboa alcanzó siete goles en sólo cuatro días. No es un récord, pero da miedo. Ahora su cuenta de goles estacional ha aumentado a 23 (más los 4 goles en la Nations League con la camiseta de Suecia). Bueno.


