La vigilancia marítima de Rusia en el Mediterráneo
La **marina italiana** ha expresado su preocupación por las operaciones de **vigilancia** que lleva a cabo Rusia en el **Mar Mediterráneo**. El almirante Enrico Credendino declaró que, “al **largo de las costas libias**, nuestras unidades son casi siempre seguidas por un **navío espía ruso**, usualmente disfrazado de barco de pesca, pero en realidad equipado con **sensores** y **antenas**”. Esta información fue difundida en una entrevista con el Corriere della Sera.
A pesar de que la presencia de la **flota rusa** en el Mediterráneo se ha reducido a unos pocos buques desde que Turquía **cerró los accesos al Mar Negro**, las acciones de **inteligencia** continúan. La reciente caída de **Bachar al-Assad** en Siria ha complicado aún más las operaciones rusas, lo que podría llevarles a establecer una base en un puerto libio, según afirma la marina italiana.
Informes recientes indican que la **fragata “Amiral Grigorovitch”**, la **corbeta Soobrazitelny**, el **petrolero Viazma** y el **buque de inteligencia Viktor Leonov** fueron desplegados a principios de mayo en el Mediterráneo. Este último había sido previamente sustituido por el **submarino Krasnodar**, pero no fue reemplazado tras su salida. Sin embargo, es probable que la cantidad de buques espías rusos en la región sea mucho mayor.
Una implantación estratégica en el Mediterráneo
El interés de **Moscú** por la **Mediterráneo oriental** es vital no solo para su estrategia militar, sino también para fortalecer sus lazos con países del **Sur Global**. Alain Oudot de Dainville, exjefe de estado mayor de la Marina, afirma que “la guerra fría y las tensiones de antaño continúan bajo formas modernas”. Desde su perspectiva, la búsqueda de bases de apoyo es una parte integral de la política de Moscú en África.
Paul Tourret, director del **Instituto Superior de Economía Marítima (ISEMAR)**, añade que estas dinámicas se asemejan a “una verdadera batalla naval indirecta en el Mediterráneo”, donde **rusos**, **europeos** y **ucranianos** continúan moviendo sus piezas en un tablero complejo.
Recientemente, varios incidentes han puesto en evidencia la tensión existente en las aguas europeas: cables submarinos dañados en la **Baltic Sea**, el hundimiento del **cargo ruso Ursa Major** cerca de España y la detección de **sensores espías rusos** en aguas británicas. Paul Tourret sugiere que existe una forma de **belicismo** creciente en el espacio marítimo de Europa.
La vigilancia de la OTAN ante la amenaza rusa
Uno de los objetivos prioritarios de estas operaciones rusas es la **recolección de inteligencia**. Según Alain Oudot, “los cascos de los barcos son derivados de grandes **chalutiers** y están equipados con **balones** que ocultan antenas debajo de ellos”. Esta astucia permite a los **marineros rusos** recopilar datos cruciales mientras parecen realizar actividades pesqueras inocuas.
Los principales objetivos de estas operaciones son, en primer lugar, el **espionaje** de **cables de información** y **fibras ópticas submarinas**. Asimismo, buscan monitorear los movimientos navales y de mercancías de las potencias rivales. Esta recogida de información es esencial para mantener una ventaja competitiva sobre otros actores en la región.
Ante esta amenaza poco visible, las **marinas de la OTAN** han intensificado su vigilancia sobre los buques rusos. Según Oudot, esta colaboración es crucial para prevenir o analizar cualquier posible concentración de fuerzas rusas, evitando así **sorpresas** indeseadas.
En conclusión, la creciente actividad naviera rusa en el Mediterráneo refleja no solo las aspiraciones geopolíticas de Moscú, sino también un escenario de tensión constante donde la recopilación de inteligencia juega un papel crucial. Las potencias europeas y la OTAN deben mantenerse alertas ante esta dinámica, que se asemeja a una nueva guerra fría en las aguas del Mediterráneo.


