
La luz verde italiana para la reforma del Mes debería darse “lo antes posible”, y las solicitudes de Roma para un cambio de dirección del Fondo Stava-Stati son “legítimas” pero no están “vinculadas a la ratificación”.
En una entrevista en Bloomberg TV, el comisario de Economía de la UE, Paolo Gentiloni, asesta dos golpes bastante directos a la posición de espera adoptada por el gobierno de Meloni sobre la eterna cuestión del nuevo Mes. El primero, obviamente, se refiere al aislamiento de Italia, que tras la finalización de los trámites en Alemania y también en Croacia (donde el visto bueno a la reforma llegó el 9 de marzo, por tanto, sólo dos meses después de la entrada de Zagreb en la Eurozona el 1 de enero) ya no tiene puntos de apoyo vinculados a la espera del fallo en otros países.
Sin embargo, Gentiloni, a pesar de su habitual actitud cautelosa, no deja de desafiar las otras palancas utilizadas hasta ahora por el Gobierno para retrasar la aprobación parlamentaria. El Mes, ha argumentado en varias ocasiones el primer ministro Meloni, es en la práctica un instrumento obsoleto, y además la reforma nació en un contexto anterior a la pandemia y la guerra en Ucrania y por tanto ya no es actual, por lo que habría que pensar sobre una revisión radical del Fondo para transformarlo en un mecanismo de apoyo a la inversión. La idea, por otra parte aún por detallar y hasta ahora sin un apoyo explícito más allá de los Alpes, es “legítima”, reconoce Gentiloni, pero “no creo que deba vincularse a la ratificación”. En definitiva, el debate, siempre que realmente despegue, no puede utilizarse para aplazar de nuevo la cita parlamentaria.
En definitiva, la presión sigue creciendo mientras ayer por la noche Italia recibió la confirmación de la triple B con perspectiva estable por parte de Fitch, tras las decisiones similares llegadas en las últimas semanas por S&P Global Ratings y Dbrs.
Un crecimiento que sigue siendo mejor de lo esperado, junto con un programa de finanzas públicas que, a pesar de su prudencia sobre las perspectivas del PIB, promete una nueva y continuada disminución del peso de la deuda, han ayudado, por tanto, también en el nuevo temporada de rating. Ahora solo falta Moody’s para cerrarlo, prevista para el próximo viernes: esa es la cita más esperada, porque ahí el Baa3 con perspectiva negativa coloca a los BTP en el último escalón antes de los bonos considerados de riesgo, y por tanto basta un solo movimiento a la baja para complicar la vida de la deuda italiana en los mercados y cerrar las carteras de una serie de inversores internacionales mientras el Tesoro tiene que colocar alrededor de 350.000 millones de euros a medio y largo plazo.




