
Los **antepasados humanos** dejaron pistas de su vida diaria en sus huesos. Investigadores han analizado fósiles de manos de África del Sur y descubrieron que estas poblaciones antiguas dependían tanto de la **escalada** como del manejo de piedras para tareas relacionadas con herramientas. Este análisis se centró en especies como el Australopithecus sediba, que vivió hace unos **2 millones de años**, y el Homo naledi, de aproximadamente **300,000 años**.
La coautora del estudio y paleoantropóloga Samar Syeda, del **Museo Americano de Historia Natural** (AMNH), explica que las mediciones esqueléticas indican que los dedos estaban bajo una variedad de **estrés** debido a la escalada y otros movimientos.
Escalada en los primeros humanos
Los investigadores encontraron que los huesos de los primeros humanos se **engrosaron** en áreas asociadas con un agarre potente, lo que apunta a momentos en los que se sostenían de las ramas de los árboles o soportaban su peso. Usaron un escaneo 3D avanzado para evaluar cómo diferentes partes de cada dedo respondieron al estrés, y los resultados sugieren una **presión** repetida de la escalada.
“Probablemente caminaban sobre dos pies y usaban las manos para manipular objetos o herramientas, pero también pasaban tiempo escalando y colgando, tal vez en árboles o acantilados”, comentó Syeda.
Los científicos también describieron la **curvatura** de ciertos huesos del dedo. Esa curvatura está comúnmente relacionada con el soporte del cuerpo durante movimientos hacia arriba, lo que sugiere un hábito que no se limitaba solo a caminar o correr.
Otra parte de este proyecto examinó cómo el **pulgar** y el meñique podrían haber jugado un papel en el agarre relacionado con herramientas. Los investigadores encontraron signos de engrosamiento óseo en lugares que asistirían en **presionar** o **agarrar piedras**, lo que refuerza la idea de que estas especies no solo buscaban fruta en los árboles.
“Los hallazgos muestran que no hubo una evolución simple en la función de la mano donde comienzas con una apariencia más ‘simiesca’ y terminas con una más ‘humana’”, explicó el paleoantropólogo del Smithsonian Rick Potts, quien no participó en el estudio.
Esta observación implica que el uso de las manos en las poblaciones antiguas no fue una transición en línea recta. En cambio, los **primeros humanos** encontraron formas de seguir escalando mientras también comenzaban a dar forma o manipular piedras.
Huesos de los dedos y árboles en los primeros humanos
Los huesos de los dedos, especialmente las secciones medias llamadas falanges, son particularmente buenos para registrar cómo fueron utilizadas las manos. Como los huesos se remodelan con el tiempo en respuesta a la presión, las áreas bajo estrés más frecuente o intenso se vuelven más gruesas. Ese remodelado puede servir como un registro a largo plazo de comportamientos de escalada, colgado o presión.
En el caso de estos parientes humanos antiguos, la **variación** en el grosor del hueso cortical a través de la palma y la parte posterior de los dedos indicó a los investigadores dónde se aplicaba más presión. Estas pequeñas pistas ayudaron a determinar qué dedos soportaban el peso de colgar de las ramas y cuáles podían haber **pinzado** o presionado objetos con fuerza.
Preguntas en curso sobre los ancestros
Una pregunta es cuán diferentes eran estos primeros humanos de otros grupos de homínidos. Probablemente se mantenían en dos pies para tareas en el suelo, sin embargo, sus manos aún asumían funciones de escalada. Esa flexibilidad les daba un amplio rango de movimiento para alcanzar alturas o agarrar piedras.
Los científicos sugieren que estos fósiles muestran que la evolución de las manos no siempre fue lineal. Algunos grupos mantuvieron una mezcla de rasgos más antiguos mientras desarrollaban un agarre mejorado para tareas sofisticadas. Esta mezcla de características destaca un estilo de vida **dinámico**.
Los datos óseos también subrayan la idea de que cada especie manejó el ambiente a su manera. La interacción entre hueso engrosado para escalar y trabajos potenciales con piedras revela capas sorprendentes en la historia de los **orígenes humanos**.
No todas las manos evolucionaron de la misma manera
La estructura interna de los dedos en A. sediba y H. naledi demuestra que diferentes especies pueden haber desarrollado sus propias estrategias para usar sus manos. Si bien ambas aún escalaban, sus estilos de agarre y fortalezas en el manejo de herramientas no eran idénticos. Esa diferencia desafía la idea de un único camino hacia la **destreza** humana moderna.
Los investigadores sugieren que, en lugar de una ruta compartida, la evolución de las manos se ramificó en varias direcciones y dependía del entorno y el comportamiento. Algunas especies priorizaron la fuerza para escalar, mientras que otras se enfocaron más en la **precisión** basada en el pulgar. Esta variedad sugiere que los primeros humanos estaban adaptándose de maneras más flexibles de lo que se pensaba anteriormente.
Lo que esto significa para la anatomía moderna
Estudiar los huesos de las manos antiguas ayuda a los investigadores a entender por qué la mano humana moderna se ve y funciona de la manera en que lo hace. Características como un **pulgar** largo y fuerte y dedos relativamente rectos no son solo rasgos aleatorios, reflejan un cambio lejos de la escalada hacia tareas que requieren precisión en el agarre, como hacer herramientas o escribir.
Algunas partes de nuestras manos, como las almohadillas gruesas bajo el pulgar o la capacidad de oponerlo a cada dedo, pueden haberse desarrollado a medida que la escalada disminuyó. Estos cambios permitieron a los humanos mejorar en la manipulación de objetos pequeños, dar forma a herramientas y, eventualmente, utilizar tecnologías complejas.
El estudio se publica en Science Advances.
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