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Numerosos estudios han demostrado que no es la baja de glucosa en sangre lo que nos pone de mal humor cuando tenemos hambre, sino un déficit en la conciencia de nuestras propias sensaciones. Esto tiene implicaciones importantes en nuestro bienestar emocional diario.
¿Por qué nos sentimos irritables cuando tenemos hambre?
El término “hangry” (en inglés), que combina “hunger” (hambre) y “angry” (enfado), ha sido acuñado para describir la irritabilidad asociada a la falta de alimentos. Sin embargo, la conexión entre la hambre y el estado de ánimo ha sido poco étudiada hasta ahora. Investigadores de la Universidad de Bonn y del Hospital Universitario de Tübingen, en Alemania, han revelado que el desagrado y la impaciencia que experimentamos no son únicamente el resultado de niveles bajos de glucosa, sino de un mal manejo de la percepción de nuestras sensaciones físicas.
Los hallazgos de la investigación
La reciente investigación, publicada en la revista eBioMedicine, ha seguido a 90 adultos sanos a lo largo de cuatro semanas para analizar la relación entre la glucemia, la sensación de hambre y el estado de ánimo. Los resultados sugieren que la hormona ghréline, que se libera cuando tenemos hambre, no solo indica que debemos comer, sino que también activa la producción de cortisol y adrenalina, ambas relacionadas con el estrés y el mal humor.
La conexión entre metabolismo y emociones
El estudio refuerza la idea de que no es la disminución de la glucosa en sí lo que incide en nuestro estado emocional, sino la intensidad con la que percibimos la falta de energía. Según la Dr. Kristin Kaduk, autora principal del estudio, “no es el nivel de glucosa en sangre lo que afecta nuestras emociones, sino la percepción consciente de que estamos sin energía”. Esto revela un mecanismo complejo que vincula nuestra biología con nuestras emociones.
La importancia de la interocepción
Los investigadores también destacan la relevancia de la interocepción, que se refiere a la capacidad de reconocer y procesar las sensaciones internas del cuerpo, como el hambre y la fatiga. Aquellas personas más en sintonía con sus señales internas tienden a experimentar menos cambios de humor, ya que pueden abordar la sustancia de su estado físico a tiempo.
El profesor Nils Kroemer, coautor del estudio, sostiene que “la conciencia de nuestro cuerpo puede actuar como regulador del estado de ánimo”. Al estar más atentos a nuestras necesidades fisiológicas, es posible mantener una estabilidad emocional a pesar de las fluctuaciones en los niveles de energía.
Implicaciones para la salud mental
Los descubrimientos de este estudio son de gran importancia, ya que sugieren que una peor regulación metódica de la energía en el cuerpo podría estar relacionada con trastornos como la depresión y la obesidad. Los investigadores creen que una mejor comprensión de cómo la percepción corporal influye en el estado emocional podría llevar a tratamientos más efectivos para estos problemas, ya sea a través de técnicas de interocepción o mediante intervenciones que estimulen el nervio vago, que está conectado a nuestros órganos y al cerebro.
En conclusión, estar conscientes de nuestro estado físico no solo puede ayudarnos a controlar nuestro estado emocional, sino que también puede ofrecer una nueva perspectiva sobre el tratamiento de varios trastornos que afectan tanto la mente como el metabolismo.



