
Todos los equipos han marcado la quinta etapa del 109 Tour de Francia en sus libros de ruta. Los pasajes empedrados del norte de Francia complacen a los especialistas y molestan a los pilotos de clasificación. Hay 153,7 kilómetros desde Lille hasta el infame bosque de Arenberg.
La curita de Degenkolb:
John Degenkolb es único. Como el único profesional en activo, el ganador de la Roubaix 2015 tuvo el honor de que un pasaje adoquinado llevara su nombre. La etapa del miércoles también discurre por una parte del pavé de Degenkolb. El tramo de 2,8 kilómetros es el más duro de los once pavés. Un total de 19,4 kilómetros discurren por adoquines.
La esperanza de Van der Poel:
Hasta ahora, Mathieu van der Poel se ha contenido. Pero nada debería detener a la estrella holandesa en los adoquines. Su objetivo no es sólo ganar una etapa. El especialista en cruces también espera el maillot amarillo, a solo 38 segundos del líder Wout van Aert.
El problema de Pogacar:
Para superar el áspero pavimento, el equipo de los Emiratos Árabes Unidos había nominado a Matteo Trentin para la gira. Se suponía que el italiano debía proteger a Tadej Pogacar en el escenario. Sin embargo, Trentin tuvo que retirarse poco antes del inicio de la gira debido a una prueba de corona positiva. Eso podría ser un problema para Pogacar, porque no hay un ayudante equivalente en este terreno en el equipo. Por otro lado, el campeón defensor demostró en la primavera que también puede conducir bien sobre adoquines.
