
En Boé, cerca de Agen, el spa urbano Aginum Thermae ha lanzado recientemente una propuesta innovadora: una cabina de flotación sensorial. Hemos probado esta experiencia que aún es poco común en el suroeste de Francia.
Al ingresar a Aginum Thermae, el contraste con el exterior es inmediato. Las luces tenues, las velas y la música suave crean una atmósfera que contrasta con la agitación de la zona comercial adyacente.
Fundado en 2012 y establecido en Boé desde 2016, este spa urbano de 720 m² se ha convertido en uno de los más grandes de su tipo en Francia. Desde marzo, ofrece una nueva experiencia: una cabina de flotación sensorial llamada AERIS. La esencia de este tratamiento consiste en acostarse en un tanque con agua saturada de sal de Epsom, calentada a la temperatura corporal, para flotar sin esfuerzo durante una hora.
Una experiencia sensorial inusual
Antes de la sesión, se dan algunas recomendaciones: evitar la cafeína, quitarse joyas y accesorios, y evitar acudir con un tratamiento capilar reciente para minimizar las distracciones.
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Dentro de la cabina, la luz es tenue, con un suave resplandor azul y pequeñas estrellas luminosas en el techo. Al principio, la música suave suena, pero pronto se hace silencio. La elevada concentración de sal, aproximadamente cuatro veces más que la del Mar Muerto, permite que el cuerpo flote naturalmente. “El cerebro utiliza normalmente el 30 al 40 % de su actividad para mantener el equilibrio del cuerpo”, explica Alexis Foret, el fundador del spa. Según él, la flotación puede liberar parte de esta carga mental.
Después de unos minutos, los límites se desdibujan. La temperatura del agua y del aire es casi idéntica a la del cuerpo, lo que provoca que la sensación de separación entre el agua y el exterior se desvanezca. En la obscuridad, resulta difícil saber cuánto tiempo ha pasado. Al principio, uno se acostumbra a la sensación, antes de que la relajación se instale progresivamente.
Un práctica aún poco común
A pesar de que la flotación existe desde hace varias décadas, sigue siendo relativamente rara en la región. Aginum Thermae se presenta como el primer centro en ofrecer esta experiencia en Lot-et-Garonne. “Todavía estamos en una fase de pedagogía en el suroeste”, observa Foret. A menudo es necesario explicar que los baños romanos no son piscinas, sino espacios sensoriales. Muchas personas aún están descubriendo el concepto de spa o de los baños termales.
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Los centros especializados mencionan diversos beneficios potenciales de la flotación, como la disminución del estrés, una mejoría en la calidad del sueño y la recuperación muscular. Algunos estudios también sugieren beneficios en la ansiedad. Camille, quien probó la experiencia, se mostró sorprendida por la sensación. “Es una experiencia fuera del tiempo, única”, comentó. Admitió haber sentido una ligera aprensión antes de entrar a la cabina. “Incluso a pesar de mi aversión a los espacios cerrados, me sentí cómoda. El recibimiento fue excelente, me tranquilizaron”, agregó.
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Hasta la fecha, el establecimiento ha registrado aproximadamente 150 reservas para esta nueva actividad. “No podíamos soñar con un mejor inicio”, declara el fundador. “Quiero que las personas vengan por una experiencia, no solo por consumir minutos. Como en el cine: lo que importa no es la duración de la película, sino lo que se siente”. Esta curiosidad está logrando atraer a su público.



