Des ballots de paille à la place des vaches. Este año, la Grande Halle d’Auvergne de Cournon-d’Auvergne, en la región de Clermont-Ferrand, presenta un aspecto muy diferente al habitual. El 8 de octubre de 2025, la ausencia de ganado impacta a los asistentes del Sommet de l’élevage. Bajo el hall 3, lo que normalmente es un bullicioso espacio de competición bovina se presenta ahora vacío. Jean-Philippe, un ganadero de raza Aubrac, observa con tristeza: “Miren estos pasillos sin animales, es un verdadero crève-cœur”.
De los 1,300 bovinos esperados, solo 400 Charolaises iban a exhibirse en el evento. Sin embargo, la dermatose nodulaire contagieuse (DNC), que afecta a la zona de Auvergne, ha mantenido a los ganados en establos. Los ganaderos han priorizado la salud de sus animales sobre el riesgo de contagio. Sébastien Cluzel, presidente del Herd Book Charolais, lamenta: “Esta enfermedad crea pánico. Los ganaderos se han dejado llevar y han decidido no asistir, a pesar de que teníamos las autorizaciones sanitarias”.
Martine, ganadera de Limousines en el departamento de Allier, expresa su profunda decepción: “Preparar este evento toma un año completo. Entrenamos a nuestros animales para estos concursos. Y ahora, todo está anulado. Como en 2015. Es un poco desesperante”. La situación se complica aún más con un ámbito político difícil.
La visita del presidente de la República, anunciada la semana anterior, parece que también se cancelará. La ministra de Agricultura, que ha dimitido, no quiere arriesgarse a salir de París en este contexto. “No solo el sector ganadero está en cuarentena”, bromea Jacques Chazalet, presidente del evento. “Parece que el gobierno también”.
Des moutons, des chevaux… et Marine Le Pen
A pesar de las circunstancias, Chazalet intenta mantener una perspectiva positiva. “Prevemos que la asistencia será de un 10 a 15% menor de lo habitual, pero aún así, tal vez alcanzaremos alrededor de 120,000 visitantes. La ganadería no se limita solo a las vacas; también hay ovejas, caballos, cabras… Pero es verdad que, por un momento, esto se siente como una feria del automóvil sin coches“.
Uno de los pocos representantes políticos de renombre que decidió asistir es Marine Le Pen. Su presencia, rodeada de cámaras, no pasó desapercibida entre los ganaderos. “Menos mal que ella ha venido. Al menos no se olvida de nosotros”, comenta Gérard, un productor local, mientras se mueve entre los stands de maquinaria agrícola.
Jacques Chazalet también señala: “Es indiscutiblemente muy popular… aunque no necesariamente populista. Los jóvenes se lanzan a hacerse fotos con ella. Sabe que aquí está en un terreno fértil”. Esta dinámica política refleja la complejidad del momento y cómo los problemas del campo encuentran un eco en el ámbito gubernamental.
El evento, que muchas veces refleja la fortaleza y resiliencia del sector ganadero, se ve hoy en día cubierto por una capa de incertidumbre. La interacción entre ganaderos y políticos, un aspecto fundamental de este tipo de cumbres, se encuentra disminuida, pero no ausente. Aquellos que han decidido asistir lo hacen con la esperanza de reivindicar el papel crucial del sector agropecuario en la economía nacional. Este contexto también pone de relieve la importancia de contar con políticas efectivas que apoyen a los productores y garanticen la salud del ganado en situaciones de crisis. Aunque el panorama sea desolador, los lazos entre el campo y la política continúan siendo un factor relevante que debe ser atendido.
