
Manipuladora de rayos X durante casi cuarenta años en Pamiers, militante de la Liga contra el Cáncer y alma del rugby del SCA… Marie-Ange Saez falleció este fin de semana a la edad de 74 años.
Una vida dedicada a los demás
Alain Rotter, radiólogo en Pamiers y compañero de trabajo de Marie-Ange durante 46 años, comparte su profunda tristeza tras conocer la noticia de su fallecimiento. “No nos hemos separado desde 1978”, señala Alain con nostalgia. La amistad que compartieron en su práctica médica permeó sus vidas, convirtiéndose en un lazo indisoluble.
Marie-Ange llegó a Pamiers por lealtad a su esposo, Jacques Basset, quien fue destinado a la gendarmería local. Esta decisión marcó el inicio de su vida en Ariège, donde rápidamente se integró y se convirtió en un pilar en su comunidad. Con una rutina incansable, se levantaba a las 5:30 de la mañana, dedicando su energía a ayudar a los demás. Su compromiso fue fuente de inspiración para sus amigos y colegas.
Un corazón de oro
Como manipuladora de rayos X, Marie-Ange era la primera cara que los pacientes veían en el consultorio. Su habilidad para hacer sentir cómodas a las personas antes de realizar estudios médicos era notable. Alain Rotter describe su carácter de manera concisa: “Era extremadamente amable, gentil y dinámica, muy atenta a los demás”. Estos atributos reflejan cómo abordó su trabajo, convirtiendo su profesión en una auténtica vocación.
Compromisos que perduran
Cuando llegó la hora de la prejubilación, muchos habrían considerado descansar, pero no Marie-Ange. Alain Rotter, también vicepresidente del comité ariégeois de la Liga contra el Cáncer, la invitó a unirse a la organización y ella aceptó de inmediato. “Nunca dijo que no”, recuerda con una sonrisa.
Una causa muy cercana
En la Liga, Marie-Ange asumió la responsabilidad de la animación y la comunicación, aplicando la misma dedicación que la había caracterizado en su carrera médica. “El cáncer era un tema que le importaba mucho”, dice Alain. Para ella, no se trataba solo de un trabajo, sino de una verdadera causa, mostrando su compromiso social y emocional con quienes sufrían esta enfermedad.
Además, su contribución al rugby local fue igualmente significativa. Junto a su esposo Jacques, empleó sus habilidades comunicativas para promover el SCA, el club appaméen, un lugar que valoraba muchísimo. Aunque se desconoce la causa exacta de su fallecimiento, es importante mencionar que Marie-Ange había estado luchando contra la enfermedad de Charcot en los últimos años. Su legado perdurará en su esposo, su hijo Philippe, de 45 años, y en todos aquellos que ahora se preguntan cómo seguir adelante sin su luz y dedicación.




