
Autorretrato de Gerrit Guldenhemel.
Su último capricho, ya enfermo, fue el reloj de cola frisón. Siempre encontraba fácilmente una dirección donde compraba uno de esos relojes de péndulo pasados de moda, lo transportaba cuidadosamente a casa donde añadía su última adquisición a sus pares. En su estudio en el jardín.


