
Abierto desde hace siete años, el **centro de equinoterapia** del Instituto Camille Miret recibe entre **treinta y cuarenta** pacientes a la semana. Estos son derivados del hospital para recibir atención especializada. El sábado 20 de septiembre, el público podrá conocer el centro durante las **Jornadas del Patrimonio**.
“Esto también forma parte del cuidado”, dice **Laure Moulin**, mientras un gato **rufo** asoma su nariz en la sala de equinoterapia del Instituto Camille Miret en Leyme, en el departamento de **Lot**. Dificultaría imaginar que estamos dentro de un hospital: herramientas de equitación y fotos de **equinos** adornan las paredes de esta **granja** que recuerda su pasado como asilo médico-agropecuario.
Volviendo al siglo XXI, ya no hay ganado aquí, sino **cuatro caballos, tres ponis y un burro**, todos propiedad del **ICM**. Este servicio, inaugurado en 2018, se dedica a la **equinoterapia**, dirigida por la terapeuta equina Laure Moulin, que se unió hace dos años, y los **Tavac** (tiempos de actividades valoradas con el caballo), llevados a cabo desde el principio por **Emilie Asfaux**, una animadora socioeducativa. Laure proviene del ámbito de la salud, pero es también **jinete**, mientras que Emilie siempre ha vivido entre caballos y trabaja en este hospital especializado desde hace catorce años, formando una mezcla ideal de competencias.
“Es un cuidado sin que ellos se den cuenta”
Definir la equinoterapia como un “cuidado psico-corporal basado en la presencia del caballo” puede no resultar muy claro al principio. Vale la pena aclarar que se trata de un tratamiento complementario, prescrito aquí por un **psiquiatra** para los pacientes del ICM. Por ende, hay objetivos terapéuticos reales: por ejemplo, la **motricidad**. “Hay quienes consideran que venir aquí ya es un reto”, observa Laure. También puede involucrar aspectos como el **trabajo relacional, cognitivo o emocional**, así como la **afirmación personal**. “Tengo una paciente que hizo cuatro vueltas de picadero con la yegua que la seguía y la invadía, recuerda Emilie. Ella no se daba cuenta de la conexión. Era un reflejo de su familia. Le muestro cómo alejar a la yegua. Y Laure lleva eso más lejos”.

Para alcanzar estos objetivos, los pacientes observan el **comportamiento** equino, cepillan al caballo y lo montan. En resumen, “es un cuidado sin que se den cuenta”. Además, el animal puede facilitar los vínculos emocionales. “Un paciente puede decirnos: hoy me siento como Ucrania, ella corre por todas partes, está muy activa”. Este servicio tiene una participación de alrededor de **treinta a cuarenta** pacientes por semana. “Primero, realizamos una evaluación emocional y corporal. Si es necesario, tomamos un café porque la persona se siente abrumada”, detalla Laure.
“Él simboliza la fuerza, la libertad, la comunidad”
Pero, ¿por qué utilizar al caballo? “Hay pocos animales que transmitan emociones de esta manera”, empieza a explicar Laure. “El caballo simboliza la **fuerza, la libertad y la comunidad**, ya que estamos rodeados de ellos y nos aceptan. No habla, por lo que no juzga. Pero sí se expresa. Y, sobre todo, es muy **empático**. Por ejemplo, si alguien tiene reacciones explosivas, no somos nosotros quienes se lo decimos, es el caballo el que actúa como un **interfaz**”, añade la terapista equina.

Por lo tanto, aquí se presta especial atención al **bienestar** de los equinos. No tienen más de dos sesiones diarias. Aunque físicamente trabajen menos que en un club, pueden enfrentarse a situaciones difíciles. Una yegua llamada Jersey está actualmente de vacaciones con un particular: “Es joven y necesita ver más allá del hospital”.



