
Las autoridades somalíes han reforzado drásticamente las medidas de seguridad en Mogadishu para esta visita no anunciada. La mayoría de las carreteras están cerradas y el transporte público es limitado.
La visita del jefe de la ONU se produce en un momento en que el país atraviesa una sequía extrema, lo que deja a muchas personas al borde de la hambruna. Mientras tanto, el gobierno emprende una gran ofensiva contra un sangriento levantamiento islamista.
La ONU ha pedido 2.600 millones de dólares en ayuda humanitaria para el país del Cuerno de África, pero hasta ahora solo se ha encontrado el 13 por ciento.
La sequía ya ha provocado la muerte de millones de cabezas de ganado y malas cosechas en la región más amplia del Cuerno de África, y ha obligado a millones de personas a abandonar sus regiones para encontrar agua y alimentos en otros lugares. “La crisis está lejos de terminar, las necesidades siguen siendo grandes y urgentes”, dijo la semana pasada en Ginebra el coordinador de la ONU para Somalia, Adam Abdelmoula.
