
Hay vida después de la muerte. No en el cielo, sino aquí en la tierra. Al menos eso es lo que cree firmemente Dirk Jan Buter, de Zwolle, Países Bajos. Si muere, quiere que lo congelen en Estados Unidos (ya han sido congeladas 263 personas en el Instituto Cryonics) hasta que la ciencia pueda devolverlo a la vida. “Como ser humano, tienes más control sobre esto que sobre el cielo”. ¿Será eso alguna vez una realidad? ¿Cómo funciona la congelación? ¿Y cuánto paga Dirk Jan por ello?
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