
Hace unos meses, Noud, un niño de nueve años de Emmen, vivió una noche que no olvidará fácilmente. “Me desperté a las 5 de la mañana y de repente sentí un olor extraño”, dice. Sus padres primero pensaron que el perro había hecho caca en la casa, pero pronto resultó que algo completamente diferente estaba pasando: había un incendio en la manta eléctrica del dormitorio de Noud.
Cuando Noud llamó a la puerta de sus padres por segunda vez, las cosas se pusieron serias. “La primera vez lo mandamos abajo”, dice la madre Linda Spakman-Boers. “Pero cuando poco después volvió a aparecer en la puerta, supimos que algo andaba mal”. Cuando finalmente revisaron la habitación de Noud, ya era demasiado tarde: un humo espeso llenaba la habitación.
¿Causa? La manta eléctrica de Noud llevaba días en la posición más alta. “Nos habíamos olvidado por completo de eso”, admite Noud. Cuando se hizo evidente la gravedad de la situación, la familia no dudó ni un momento y llamó a los bomberos. El propio Noud mantuvo la cabeza fría. “Lloré y lo encontré bastante emocionante”, dice. Aún así, tomó una decisión valiente: inmediatamente llevó a su hermano y al perro afuera con el abuelo y la abuela que viven a la vuelta de la esquina.
Sus padres apenas pueden ocultar su orgullo. “Sin Noud esto habría sido muy diferente”, dice la madre Linda. “Si hubiéramos llegado diez minutos más tarde, habría sido demasiado tarde”.
Aunque la habitación de Noud quedó completamente destruida por el fuego, había un poco de felicidad escondida en ella: se le permitió redecorar completamente su dormitorio. “Sólo la pared de espejos sigue siendo la misma”, afirma Noud. “Mi abuelo lo hacía cuando todavía vivía aquí”.

