
Cualquiera que trabaje en la restauración lo sabe: una propina es más que un extra. Es una señal de agradecimiento por el trabajo duro y la dedicación. Algo que te motive a dar lo mejor de ti día tras día. Pero si ese consejo no se da, puede evocar sentimientos de injusticia. Y eso a veces puede provocar reacciones fuertes. Como en un restaurante del sur de Holanda, donde un aprendiz de chef de 21 años tuvo tal discusión con su jefe que finalmente el juez tuvo que intervenir.
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