
La complejidad del duelo perinatal
La pérdida de un hijo durante el embarazo o en los días posteriores al nacimiento es una experiencia desgarradora que, a menudo, no recibe la atención que merece. El duelo perinatal, aunque es un tema cargado de emociones y sufrimiento, sigue siendo mal entendido y minimizado por la sociedad. Detrás de este fenómeno médico reside una realidad humana rica en dolor, culpabilidad y amor por un ser que, aunque breve, tuvo una existencia significativa.
Definición del duelo perinatal
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se considera fallecido a un feto o neonato en el periodo comprendido entre 22 semanas de amenorrea y 7 días postnatal. Sin embargo, Valérie Denis, coach y terapeuta emocional, destaca que “en el corazón de los padres, la realidad es a menudo mucho más amplia”. Pérdidas tan tempranas como un aborto espontáneo pueden causar un sufrimiento igual de intenso.
El impacto en las madres
El duelo perinatal afecta tanto a padres como a madres, aunque es común que las mujeres experimenten esta pérdida de manera más profunda. Valérie Denis señala que “las madres sufren más tiempo y tardan más en recuperarse”. Esto se debe a que, además de la dolorosa pérdida del hijo, pueden sentir que su identidad como madre ha sido comprometida.
Culpabilidad y sentimientos de fracaso
La madre a menudo vive con una sensación de fracaso, alimentando un fuerte sentimiento de culpabilidad. Se torna esencial abordar estos sentimientos para que puedan sanar. Entender que no están solas en esta lucha es el primer paso hacia la recuperación.
La presión social y la incomprensión
La forma en que el entorno reacciona a esta tragedia puede agravar el sufrimiento de los padres. A menudo, comentarios como “no es tan grave” son bien intencionados, pero resultan contraproducentes. Cuando la pérdida se minimiza, muchas madres sienten que deben validar su dolor, convirtiendo su sufrimiento en una forma de honrar la existencia de su hijo ante los demás.
Una herida emocional profunda
El duelo perinatal es, sin duda, una herida emocional profunda que, al igual que una herida física severa, puede requerir acompañamiento y cuidado para sanar. Muchos padres se encuentran solos en su sufrimiento, lo que puede desencadenar lo que se conoce como “infecciones emocionales”, como la culpa, la vergüenza, el aislamiento y la ira.
Integrar al hijo en la historia familiar
El proceso de duelo no busca olvidar al hijo. Según Valérie Denis, “el objetivo del duelo no es borrar a la persona desaparecida, sino integrarla en el corazón sin que su memoria cause sufrimiento”. En este proceso, es esencial reconocer al hijo que se ha perdido.
Reconociendo la existencia del hijo
Cuando es posible, tener la oportunidad de ver al bebé es altamente recomendable. “Es muy difícil hacer el duelo de alguien que nunca has conocido”, señala Denis. Si esto no es posible, conservar recuerdos, como huellas dactilares, mechones de cabello o fotografías, puede ayudar a los padres a mantener viva la memoria de su hijo.
Nombrar al hijo como un acto de recuperación
Desde 2022, en Francia, es posible declarar oficialmente la muerte de un hijo a partir de las 15 semanas de amenorrea, lo que permite un reconocimiento oficial de su existencia. Este acto puede ser un paso importante en el proceso de duelo.
Celebrando el paso de una vida
Aunque los funerales no son obligatorios a menos que el niño haya nacido vivo, muchos padres deciden realizar esta ceremonia para marcar el paso significativo de sus hijos en sus vidas.
El duelo perinatal es una experiencia dolorosa, pero al reconocer y validar este dolor, se puede ayudar a las familias a encontrar sanación y a integrar la memoria de su hijo en su historia personal.



