
El análisis de ADN de **nueve esqueletos prehistóricos**, datados en alrededor de **9,000 años** atrás, revela que los primeros habitantes cerca de la **provincia del Cabo Sur en Sudáfrica** experimentaron cambios poblacionales mínimos a lo largo de milenios. Este hallazgo proviene del sitio conocido como Oakhurst rockshelter, ubicado a aproximadamente 6.4 km de la costa, cerca de la ciudad de **George**. En esta área se encontraron numerosas herramientas de la era de piedra que los arqueólogos reconocen como indicadores de cambios culturales.
Los investigadores extrajeron y analizaron el ADN antiguo de individuos de diferentes capas del sitio para reconstruir sus perfiles genéticos. Según el investigador principal, Dr. Joscha Gretzinger, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, estas personas mostraron un **patrón genético compartido** que se mantuvo relativamente estable hasta hace unos **1,300 años**.
Patrones de ADN sudafricano
Los arqueólogos alguna vez asumieron que grupos externos habían entrado en la región en múltiples oleadas migratorias. Sin embargo, esa suposición ha sido desafiada por el ADN antiguo de los esqueletos que abarcan gran parte del holoceno, un época geológica que comenzó hace aproximadamente **11,700 años**. Cada esqueleto reveló una **firma genética altamente consistente**, un patrón que indica **continuidad** a través de miles de años.
La evidencia de cambios culturales locales, como cambios en los estilos de herramientas de piedra, fue durante mucho tiempo interpretada como prueba de nuevas llegadas. Los nuevos datos sugieren que estos cambios fueron impulsados por personas que ya estaban en la región, que se adaptaron y refinaron nuevas tecnologías por sí solas. Los investigadores también notaron que los esqueletos tenían una **diversidad genética sustancial**, lo que sugiere que eran parte de una comunidad más grande que no estaba aislada.
Pastoralismo y agricultura
Los científicos encontraron que el cambio más significativo ocurrió hace solo **1,300 años**. Se introdujeron el pastoralismo y la agricultura, lo que tuvo un efecto notable en el **pool genético local**. Los investigadores vinculan esto con interacciones con grupos relacionados con ganaderos de África Oriental y agricultores de África Occidental. Estas influencias externas llegaron a través de un proceso lento, eventualmente mezclándose con el **pool genético indígena** en los siglos siguientes.
“Algunos San del sur de Sudáfrica todavía conservan esta antigua firma genética derivada del **Pleistoceno**,” señaló el Dr. Gretzinger. Los datos muestran que grupos modernos como los Khomani y los Karretjiemense tienen conexiones directas con los grupos prehistóricos de Oakhurst. La ascendencia de poblaciones no africanas llegó más tarde, en parte a través del aumento del comercio y la colonización europea.
ADN de descendientes modernos
Muchas de las comunidades actuales del sur de África presentan **ascendencias mezcladas** que ocultan sus antecedentes genéticos indígenas. Los locales que se identifican como **San** o **Khoe** tienen los lazos más cercanos con los antiguos recolectores de alimentos, aunque linajes no africanos son ahora comunes en muchas familias. Los científicos señalan que estos patrones se alinean con eventos de admixtión a lo largo de la región más amplia.
Las recientes convulsiones históricas y colonización fomentaron una mayor mezcla genética en las poblaciones locales. A pesar de estas interrupciones, la nueva investigación de ADN muestra que ciertas comunidades mantuvieron vínculos directos con los pobladores de Oakhurst. Las personas de las regiones del sur del país todavía comparten trazas de ADN que se remontan a los ocupantes más antiguos del refugio rocoso.
Prehistoria del Cabo del Sur
El análisis se centró en cómo las **líneas de descendencia antiguas** persistieron a pesar de los cambios en los kits de herramientas y estrategias de subsistencia. Los investigadores concluyeron que estas transformaciones locales no fueron impulsadas por grandes grupos externos. Las pruebas de radiocarbono confirmaron que los huesos pertenecían a individuos desde el **early Holocene** hasta períodos más recientes. Los expertos consideran este resultado como un valioso punto de referencia para las investigaciones antropológicas.
La estabilidad genética del Cabo del Sur contrasta con múltiples disturbios documentados en Europa y Asia alrededor de la misma época, lo que establece a la región como un lugar donde la **tecnología y la identidad cultural** se desarrollaron desde dentro.
Conectando los puntos
Los investigadores compararon sus resultados con estudios de otros cazadores-recolectores de la Edad de Piedra. Descubrieron una característica compartida: **bolsillos de gente en África** a menudo han albergado linajes antiguos que proporcionan una ventana a la historia temprana de la humanidad. Esto subraya la importancia de la región como un reservorio de **herencia genética profunda**. Los hallazgos coinciden bien con investigaciones anteriores que insinuaban una diversidad de larga data entre estas poblaciones. Los científicos han utilizado métodos computacionales avanzados para estimar segmentos de ADN compartidos antiguos, detectando así vínculos entre individuos separados por miles de años.
9,000 años de continuidad genética
El enfoque multidisciplinario combinó **arqueología, genética** y registros cronológicos cuidadosos. La **línea temporal de 9,000 años** de continuidad genética destaca el éxito de las poblaciones locales en adaptarse a climas y recursos cambiantes sin mayores influjos externos. Este registro contribuye a una apreciación más amplia de cómo los humanos prosperan en ambientes desafiantes. Los arqueólogos y antropólogos planean expandir esta investigación a otros sitios en el sur de África para averiguar si existió una estabilidad similar en regiones interiores o en vecindarios con diferentes configuraciones ecológicas. Esta investigación podría llenar más vacíos en la prehistoria de la zona, ilustrando cómo la **evolución cultural** puede ocurrir principalmente desde dentro.
El estudio ha sido publicado en Nature Ecology & Evolution.
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