
Este desarrollo, autorizado recientemente por el presidente **Donald Trump**, busca debilitar las **refinerías de petróleo**, **oleoductos**, plantas de energía y otros activos energéticos de Rusia que se encuentran dentro de su territorio, a una gran distancia de las fronteras de Ucrania.
Según múltiples funcionarios estadounidenses citados por The Wall Street Journal, la administración Trump ha dado luz verde a las agencias de inteligencia y al Pentágono para ayudar directamente a Kyiv en la realización de estos ataques estratégicos. Este es el primer caso conocido en el que la comunidad de inteligencia de EE. UU. facilita la capacidad de Ucrania para atacar infraestructura crítica dentro de Rusia, representando una nueva fase en el apoyo estadounidense al esfuerzo bélico de Ucrania.
La compartición de inteligencia incluye información sobre objetivos, lo que ayudará a Ucrania a identificar y atacar objetivos de alto valor con mayor precisión. Funcionarios estadounidenses también han revelado que el gobierno de EE. UU. está presionando a los aliados de OTAN para proporcionar un apoyo similar en términos de inteligencia y operaciones, con el fin de maximizar la efectividad de los ataques coordinados destinados a criplar las fuentes de ingresos que sostienen la guerra de Moscú.
Transferencias potenciales de armas: Misiles Tomahawk y Barracuda
Junto con la compartición de inteligencia, la administración Trump está considerando la transferencia de misiles de crucero avanzados estadounidenses, como los modelos Tomahawk y Barracuda, a Ucrania. Estos sistemas tienen un alcance de aproximadamente 500 a 1500 millas, expandiendo significativamente el rango de objetivos que Ucrania puede atacar en el interior de Rusia, incluyendo potencialmente Moscú y otros centros estratégicos.
Aunque no se ha tomado una decisión final respecto a las entregas de misiles, funcionarios estadounidenses, incluidos el vicepresidente J.D. Vance y el enviado especial de Trump Keith Kellogg, han confirmado que se están llevando a cabo deliberaciones y han indicado que el presidente tomará la decisión final sobre la autorización de tales transferencias.
Estos misiles de crucero proporcionan a Ucrania una nueva capacidad para interrumpir el complejo militar-industrial de Rusia y su infraestructura energética mediante ataques precisos, presentando así una ventaja estratégica en el prolongado conflicto.
Nueva estrategia para las relaciones entre EE. UU. y Ucrania
Los movimientos se producen en medio de negociaciones de paz estancadas y una escalada de hostilidades entre Moscú y Kyiv. El presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy elogió el respaldo de Trump al derecho de Ucrania a responder a los ataques rusos, incluyendo contra la red energética de Rusia como respuesta proporcional a las provocaciones rusas hacia la infraestructura eléctrica y de combustible de Ucrania.
En declaraciones públicas, Zelenskyy advirtió que los intentos de Rusia de provocar apagones en ciudades ucranianas serán respondidos con ataques recíprocos en instalaciones rusas, señalando la disposición de Kyiv para escalar sus acciones militares con el respaldo estadounidense. Su retórica refleja una voluntad de apuntar a las líneas de vida económicas de Moscú que financian la máquina de guerra del Kremlin, presionando así a Rusia más allá del campo de batalla.
Reacción rusa
El Kremlin ha condenado la nueva política de compartición de inteligencia de EE. UU. como un paso “muy serio” que escala el conflicto. Funcionarios rusos expresaron preocupaciones sobre las implicaciones de la implicación estadounidense, cuestionando quién dirigiría los ataques: ¿los ucranianos o los estadounidenses? También advirtieron sobre posibles escaladas más amplias, incluyendo amenazas de desplegar armas nucleares de alcance intermedio como represalia.
La perspectiva de entregar misiles Tomahawk a Ucrania ha sido una línea roja particular para Rusia, ya que Moscú lo ve como una intervención directa de EE. UU. en las operaciones militares ucranianas en territorio ruso. El portavoz del Kremlin Dmitry Peskov y el Ministro de Relaciones Exteriores Sergey Lavrov expresaron escepticismo sobre el impacto de los Tomahawk pero advirtieron en contra de cruzar umbrales estratégicos.

