
La importancia de permitir que los niños asistan a las **funerales**
En muchas culturas, la muerte sigue siendo un tema tabú y muchas personas se cuestionan si es apropiado permitir que un niño asista a los funerales de un ser querido. La psicoterapeuta clínica Laurence Picque señala que, contrariamente a lo que muchos piensan, los niños tienen su lugar en estas ceremonias. Asistir a las funerales puede ser una forma valiosa para que los más jóvenes comprendan el ciclo de la vida y aprendan a lidiar con la tristeza y la pérdida.
La percepción del niño sobre la muerte
Picque enfatiza que la presencia de un niño en las funerales no solo es válida, sino necesaria. Según diversas investigaciones, como las de los psiquiatras Michel Hanus y Marie-Frédérique Bacqué, los funerales no son intrínsecamente traumatizantes para un niño. Los adultos a menudo se sienten incómodos al hablar de la muerte y, en su intento de proteger a los niños, terminan alejándolos de una experiencia que podría ser crucial para su comprensión emocional.
De hecho, desde una edad temprana, los niños no experimentan la muerte de la misma manera que los adultos. Entre los 0 y 5 años, la muerte suele ser vista como un estado reversible. A medida que van creciendo, empezarán a entender su naturaleza permanente y podrán hacer preguntas sobre ella a partir de los 7 años.
La comunicación con el niño es esencial
Al hablar de la muerte con un niño, es fundamental utilizar un lenguaje claro y directo. Evitar eufemismos como “se ha ido” o “está en el cielo” puede ayudar al niño a entender mejor lo que significa la muerte. Picque sugiere emplear expresiones simples y directas, como “Papi ha muerto. Estaba muy enfermo y ya no está con nosotros.”
Es importante que el niño entienda que llorar y sentirse triste son respuestas normales ante la pérdida. Al explicar que la persona fallecida siempre estará en el corazón de quienes quedaron, se les ayuda a comprender que el amor por esa persona nunca se apaga, incluso después de su muerte.
Preparar al niño para lo que puede ver
En cuanto a si el niño debe ver el cuerpo del fallecido, Picque aclara que esto puede ser una opción, siempre y cuando se prepare al niño previamente. Es crucial que se le explique qué es lo que va a ver y cómo será la situación. Si el niño no se siente cómodo con la idea, no debe ser forzado a hacerlo. La elección debe ser siempre respetada.
Un enfoque efectivo podría ser decir: “Papi estará en su cama o en el ataúd. Parece que duerme, pero no podrá moverse más.” Esto puede ayudar al niño a entender lo que está sucediendo sin crear confusión o miedo innecesario.
Las consecuencias de no permitir la asistencia a las funerales
Si un niño es excluido de las funerales, puede experimentar sentimientos de frustración, falta de cierre o arrepentimiento en el futuro. Según Picque, estar presente en estos rituales puede ser un paso vital para que el niño procese la pérdida. La experiencia de ver a un ser querido en su forma final puede ayudarles a comprender que esa persona no volverá, lo que facilita la aceptación de la muerte.
La construcción emocional y psicológica de un niño se ve afectada significativamente por la manera en que se le presenta la muerte. La asistencia a las funerales es una forma de reconocimiento de esta realidad, y ayuda al niño a integrar esa experiencia en su vida.
Consideraciones finales
Es vital que los padres y cuidadores evalúen cuidadosamente cada situación. No hay una respuesta única que se aplique a todos los niños, y cada cuyo contexto debe ser considerado. La asesoría de un profesional que entienda el proceso del duelo puede proporcionar apoyo adicional y ayudar a los padres a tomar decisiones informadas.
Al final, permitir que un niño asista a la funeral de un ser querido puede ser una experiencia significativa que le ayude a procesar la tristeza y entender el valor de los rituales de despedida. La muerte es parte de la vida, y con el acompañamiento adecuado, los niños pueden aprender a enfrentarla de una manera saludable y constructiva.





