
Desplazar sin fin contenidos inquietantes en redes sociales o sitios de noticias se ha convertido en un hábito para muchos internautas. Este fenómeno, conocido como doomscrolling, preocupa a los especialistas en salud mental.
El doomscrolling se refiere al consumo compulsivo de información negativa. Las plataformas digitales analizan nuestros comportamientos y nos ofrecen contenidos que mantienen nuestra atención. Como señala Olivier Duris, psicólogo en París, “nos muestran lo que queremos ver para que permanezcamos conectados”. Esto desencadena un problema: después de unos pocos clics en temas ansiosos, el usuario puede ser expuesto a un torrente constante de contenidos similares. Así comienza una verdadera espiral.
Un riesgo mayor para personas vulnerables
Todas las personas pueden verse afectadas, pero algunos grupos son más vulnerables. Esto incluye a adolescentes, personas con discapacidades o aquellos que enfrentan dificultades psicológicas. En ciertos casos, los algoritmos pueden incluso dirigir a contenidos relacionados con la automutilación o el suicidio. Las cadenas de noticias pueden facilitar aún más esta repetitiva exposición a malas noticias. Según Duris, “esto se amplificó durante la crisis de Covid-19”.
Entender para recuperar el control
La prevención, según los especialistas, comienza con la educación. Comprender cómo funcionan los algoritmos puede ayudar a los usuarios a tomar control sobre sus recomendaciones. Esto incluye hacer un esfuerzo consciente para consultar diferentes tipos de contenido y diversificar las fuentes de información. El diálogo es igualmente importante; en el caso de los adolescentes, los padres deben interesarse por los hábitos digitales de sus hijos y fomentar un ambiente de confianza que permita la conversación sobre los contenidos que les preocupan.
Un desafío de salud pública
Aunque el doomscrolling es un concepto relativamente nuevo, Duris y otros psicólogos subrayan la importancia de mirar más allá para abordar la economía de la atención, que impulsa a las plataformas a capturar cada vez más tiempo de los usuarios. “El doomscrolling es real, pero también debemos cuestionar el modelo de sociedad que lo favorece”, señala Duris. Para Vincent Joly, también psicólogo en París, esta situación representa “una verdadera cuestión de salud pública”.
Es fundamental que tomemos conciencia de nuestros hábitos digitales y busquemos un equilibrio. El doomscrolling no solo afecta nuestro bienestar mental, sino que también puede tener repercusiones más amplias en la salud pública. Al informarnos mejor y educar a las próximas generaciones sobre el consumo saludable de información, podemos comenzar a mitigar este fenómeno y hacer de Internet un espacio más positivo y enriquecedor.




