
La “encapsulación del placenta”: ¿una práctica saludable?
La reciente anunciación de la llegada del hijo de Calvin Harris ha captado la atención mundial, no solo por la noticia en sí, sino también por los métodos poco convencionales que el DJ ha compartido en sus redes sociales. Entre las imágenes que ha publicado, destaca una en la que muestra el placenta de su recién nacido, Micah, y la práctica de encapsular este órgano después del parto. Este fenómeno, conocido como placentofagia, ha ganado popularidad, sobre todo en el mundo del entretenimiento estadounidense, pero plantea serias interrogantes sobre su seguridad y efectividad.
¿Qué es la placentofagia?
La placentofagia es la práctica de consumir el placenta tras el parto, bajo la creencia de que tiene beneficios para la salud de la madre, como el aumento de la lactancia, la mejora de la recuperación post-parto, e incluso la reducción de los riesgos de depresión post-partum. Sin embargo, muchos de estos beneficios no han sido respaldados por estudios científicos. Las afirmaciones sobre el placenta como un superalimento son, en gran medida, anecdóticas.
Según algunos testimonios, como el de la famosa socialité Kim Kardashian, quienes consumen cápsulas de placenta reportan sentir un aumento de energía y una mejora en su bienestar emocional. Kardashian ha sido una de las principales defensoras de esta práctica, al señalar que la ingestión de estas cápsulas le ayudó a combatir el baby blues tras el nacimiento de sus hijos.
Instagram @calvinharris
Las preocupaciones sobre la salud y la legislación
A pesar del auge de esta práctica, la encapsulación del placenta se encuentra prohibida en muchos países, incluido Francia, donde se considera un desperdicio biológico. Según la legislación francesa, el placenta se considera un desecho quirúrgico y no puede ser reutilizado o consumido. La ley establece que solo se puede extraer para fines científicos si se cuenta con el consentimiento previo de la madre.
Los riesgos de infección son uno de los principales argumentos en contra de la placentofagia. En 2017, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos advirtieron sobre un caso de infección en un recién nacido que estaba relacionado con cápsulas de placenta consumidas por su madre. Fomentar la ingestión de este órgano puede, por tanto, tener repercusiones graves no solo para la madre, sino también para el bebé.
Prácticas culturales en torno al placenta
Precisamente, la percepción del placenta varía mucho alrededor del mundo. Si bien en algunos países como Estados Unidos y Canadá la devolución del placenta a la madre es común, otros lugares la rechazan. En el caso de España, la práctica no está regulada, lo cual plantea un campo de acción para aquellas doulas que fomentan su consumo. Sin embargo, el riesgo se mantiene y las recomendaciones de los profesionales de la salud son siempre de prudencia.
En el pasado, existían costumbres en diferentes culturas que consideraban al placenta un símbolo de conexión con el bebé y la madre, pero hoy en día, estas prácticas han caído en desuso. A partir del siglo XVI en Francia, el placenta comenzó a ser visto como un desecho, y su consumo fue desalentado.
Conclusión
La tendencia a consumir el placenta puede ser vista con interés por algunas, pero es crucial consultar a los profesionales de la salud antes de considerar su uso. Los riesgos involucrados y la falta de evidencia científica que respalde los supuestos beneficios son aspectos que no deben tomarse a la ligera. La salud de la madre y del bebé debe ser siempre la prioridad, y es fundamental seguir las recomendaciones médicas para garantizar su bienestar. Debemos ser cautelosos en la adopción de tendencias que, aunque populares, pueden poner en riesgo lo más valioso: la vida y la salud.



