
Colectivo Hace que brille
Este lunes 29 de junio, se llevaron a cabo movilizaciones en una quincena de ciudades para alertar sobre las condiciones de acogida de los niños en las escuelas durante la canícula.
Mobilización de padres y niños
El 29 de junio, alrededor de escuelas en toda Francia, padres y niños se unieron portando pancartas con mensajes contundentes como “Aquí venimos a aprender, no a cocinarnos,” o “Vivir, no sobrevivir.” Muchos de ellos utilizaban mantas de supervivencia, un símbolo de la falta de preparación de Francia ante las altas temperaturas.
Aunque la canícula ha sido sustituida por tormentas, la indignación persiste. Más de una semana de temperaturas extremas ha llevado a Renée Greusard, madre de dos hijos y periodista, a unir fuerzas con el periodista medioambiental Thibaut Schepman para denunciar esta situación.
“No entiendo cómo podemos permanecer inactivos cuando, en cada canícula, nuestros hijos deben estudiar en hornos, mientras que la única opción que se nos ofrece es mantenerlos en casa, donde a veces hace tanto calor,” explica Greusard.
Del descontento a la acción
Ante la inacción de las autoridades, Greusard y Schepman comenzaron una campaña que rápidamente ganó tracción. En menos de diez días, su proyecto “Hagan que brille” había recolectado 13,000 “likes” en redes sociales, un hecho sin precedentes para un tema como este. El objetivo no es solo alertar sobre las condiciones escolares, sino también presionar a organismos gubernamentales para que comiencen una verdadera renovación térmica de los edificios escolares.
Según informes, la reciente ola de calor llevó al cierre de cerca de 1,800 instituciones educativas y obligó a 8,000 más a modificar sus horarios.
Reivindicaciones y apoyo ciudadano
Gabriel Mazzolini, destacando la urgencia de esta movilización, afirmó: “Estas son reivindicaciones que los sindicatos han estado planteando durante años. Es tiempo de abordarlas.” La movilización no solo busca la mejora de las infraestructuras escolares, sino también un compromiso por reducir las emisiones de CO2 y apoyo para padres que enfrentan dificultades para conciliar la vida laboral con el cuidado de sus hijos.
“Es inaceptable que nos digan ‘bebe agua’ cuando los niños se desmayan por el calor,” añade Greusard.
Presión constante post-canícula
Desde Brest hasta Montreuil, padres y niños han tomado las calles, colocando mantas de supervivencia en las ventanas de las escuelas. Esta movilización es, según Mazzolini, una respuesta espontánea, lo que sugiere que podría haber muchas otras acciones no registradas.
Greusard subraya que es crucial involucrar a los niños: “La gestión de esta canícula refleja un adultismo brutal. No les escuchamos ni respetamos, mientras pisoteamos su futuro.”
Esperan que más familias se unan al llamado, utilizando plataformas como grupos de WhatsApp para coordinarse.
Hacia un futuro más fresco
Mientras planean más movilizaciones, tanto Greusard como Mazzolini enfatizan la necesidad de mantener el impulso. “Es vital que la renovación térmica de las escuelas se convierta en un tema político, y para ello, los padres deben actuar.”
Con las elecciones de 2027 en el horizonte, el mensaje es claro: la urgencia debe seguir presente en la agenda pública. “A medida que las temperaturas desciendan, la pregunta es: ¿cuánto tiempo hasta que lo olvidemos? Es crucial que la gente siga participando en este movimiento,” concluye Greusard.



