
En este mes de mayo, las temperaturas de 35 °C y el regreso del sol elevan el ánimo. Sin embargo, el polen y las alergias derivadas del calor no son los mejores aliados para quienes padecen asma. Durante esta época veraniega, sus crisis aumentan en intensidad. En Agen, Marie comparte su historia.
El Incremento de Crisis de Asma
Las altas temperaturas van acompañadas de un aumento en las crisis de asma. En Francia, esta enfermedad inflamatoria crónica afecta a millones de personas. Los síntomas se agravan con la contaminación al ozono y el polen, factores que se intensifican con el calor extremo.
Marie, una joven de 25 años, lleva toda su vida lidiando con esta patología. “Con el calor, es horrible”, comenta. Cada verano, enfrenta esta realidad que afecta a más personas de lo que muchos piensan.
“Siento que me asfixio”
Para Marie, los primeros signos de una crisis son inconfundibles: un cosquilleo en la garganta, el paladar que pica y una respiración sibilante. “En este momento, me siento asfixiada”, dice.
La calor no solo incrementa las alergias, sino que también hace que cualquier esfuerzo físico sea más difícil. “Afortunadamente, no tengo un trabajo físico”, señala. Cuando las temperaturas alcanzan los 35 °C, incluso las tareas cotidianas requieren un esfuerzo considerable y exacerban su sensación de falta de aire.
Un Recurso Indispensable: Ventoline
Marie nunca sale de casa sin su “salvavidas”: su inhalador de Ventoline. Su hogar está equipado con inhaladores en cada rincón, desde la sala de estar hasta el baño, para asegurar que siempre tenga acceso a su tratamiento. “En estos días, es un infierno; debo tomar entre 20 y 30 inhalaciones”, revela.
Durante las olas de calor, puede enfrentar de cuatro a seis crisis diarias. En días normales, su uso no excede las diez inhalaciones. Contar cada inhalación se ha convertido en un ritual que le permite mantener el control sobre su condición.
Un Desafío en la Vida Diaria
Olvidar su inhalador en un día caluroso es el peor temor de Marie. Durante sus sesiones de danza, en ocasiones, debe pausar para usar la Ventoline, lo que provoca preocupación entre sus compañeros. “A menudo, me ofrecen agua o se preguntan cómo pueden ayudar”, explica. En esta época, tuvo que renunciar a correr, ya que se volvió demasiado agotador y peligroso.
Una experiencia particularmente difícil fue una noche en la que se despertó a las dos de la mañana con una crisis asmática. “Fue un despertar aterrador”, recuerda. Su respiración entrecortada y el pánico la dejaron con un recuerdo imborrable.
Conclusiones
La historia de Marie resalta las dificultades diarias que enfrentan quienes padecen asma, especialmente en climas calurosos. Su experiencia subraya la necesidad de tomar conciencia sobre la salud respiratoria y la importancia de estar bien preparados en tiempos difíciles. Estos desafíos deben ser vistos con empatía, no solo por quienes los viven, sino también por quienes los rodean.



