
Carlo en Madrid recogió un entorno dividido y lo reconstruyó. Ha recogido cada decepción con elegancia y con una sonrisa, porque ama lo que hace
Lo mandaron lejos de Nápoles como si fuera cualquiera y luego le hablaron de todos los colores. Quien ya no era capaz de aguantar un vestuario, él que había manejado campeones explosivos en casi todas partes, desde el Milan hasta el Chelsea, desde el Paris Saint-Germain hasta la Real, con algunos crujidos solo en el Bayern. Que había agotado un caudal de talento, el que le entregó De Laurentiis. Y, al final, que tu tiempo se acabó: querido Ancelotti, dedícate a tus nietos, el banco adecuado para ti es el de los jardines.
