
Tras la semana de táctica política que entre pifias y astucias llevó a la dimisión del Gobierno de Draghi, el Parlamento debe volver a tratar con números. Y tiene que hacerlo rápido; aprobar el ajuste presupuestario que con sus frutos financie la nueva ronda de ayudas a la economía que lucha contra los embates de la guerra y la inflación.
Empezamos por la Comisión de Presupuesto de la Cámara, que el pasado jueves junto a compañeros de la Comisión de Hacienda desestimó apresuradamente la práctica del decreto de simplificaciones tributarias, evitando modificar el texto gubernamental. Y la idea es correr a acompañar la construcción de un decreto del Aid-bis que, junto a los fondos, debe trazar los límites políticos en los que el gobierno renunciante y su antigua mayoría encontrarán acuerdo para moverse. Empezaremos a hablar de ello ya en el próximo consejo de ministros, con las cifras del informe del Mef sobre liquidación en mano, indicando los espacios financieros que deja disponible la actualización de mitad de año de las cuentas. El miércoles será el turno de los sindicatos, convocados en el Palacio Chigi en vista del decreto previsto en la última reunión. Luego, el primer ministro también se reunirá con las asociaciones de empleadores.
El trabajo técnico del Mef ha construido una red de alrededor de 12-13 mil millones. Una cifra importante, fruto sobre todo del aumento de la recaudación fiscal que indica la liquidación en comparación con la cuenta PA calculada en abril en el Def (el empuje por el lado de la no tributación, como se explica en el informe de la liquidación anticipado en las últimas semanas por este periódico, también se debe al tramo de aportes no reembolsables del Pnrr).
Antes de la crisis, el equilibrio que había que encontrar era entre el espacio financiero y la necesidad de tener en cuenta los riesgos de una helada otoñal. Pero con la irrupción del terremoto político, se concretó el “plan B” (Sole 24 Ore del 19 de junio) de una intervención limitada a la prórroga temporal de las medidas ya iniciadas con los decretos anteriores y a la corrección de sus problemas de aplicación: del hecho de que los descuentos fiscales a las empresas están sujetos a las reglas de minimis, capaces de poner fuera de juego a muchas empresas para acumularlas con otras intervenciones e impedir así el uso de ayudas.
Entre ellas también se encuentra la réplica de una ayuda antiinflacionaria adaptada a rentas medias-bajas sobre el modelo de la bonificación de 20 euros del último decreto de Ayudas. El problema de las familias y los trabajadores más afectados por la carrera de precios estará en el centro de la reunión con los sindicatos, pero queda por construir la viabilidad política de la intervención tras el desplome de la mayoría aunque se plantee la hipótesis de dar dinero a las familias. No es seguro Difícil al comienzo de la campaña electoral. La propuesta, lanzada en varias ocasiones por el Ministro de Pa Renato Brunetta, insiste en la misma tendencia de utilizar una parte de los ingresos del IVA inflados por la inflación para reducir el mismo impuesto sobre las necesidades básicas del “carrito de la compra”.



