
Historias de campeones y no, de atletas más y menos famosos, que lucharon por la liberación por el fascismo
Milán, 25 de abril de 1945. A las cinco de la noche, cuatro niños juegan con una pelota improvisada. Está hecho de trapos. Se divierten en un claro y polvoriento. Marcado aquí y allá por agujeros y cráteres de varios ancho. Una madre está a unos metros de distancia. Los observa. Sus ojos están felices y tristes. Al mismo tiempo. Y para esto son rigatorios de lágrimas. Feliz porque la guerra ha terminado. Triste porque, entre aquellos niños que corren alegres, podría haber habido suyo. El suyo se ha ido.
