
Para pasar del último puesto de la Serie C a la Liga de Campeones se necesita equilibrio, pero forma parte del camino que el Milán tiene previsto para su estrella: el abrazo de Morata, la confianza de Fonseca, su integración en Milanello…
Cuando llegas a Milanello es fácil encontrarlo justo afuera de la puerta de entrada verde, firmando autógrafos y tomándose selfies con los fanáticos. Es como si Francesco Camarda sintiera la necesidad, casi a diario, de demostrar cada vez que sea posible su sentido de pertenencia al mundo del AC Milan. Su mundo, sus colores, sus símbolos como el tatuaje en el muslo que remite a la iconografía querida por la Curva Sud. Sale a pie, por esa puerta verde. Y no tanto porque no tenga permiso de conducir (bastaría con bajar la ventanilla del lado del pasajero), sino porque así se siente más “dentro” de la gente. Quizás la timidez le hace sonreír poco, pero el ritual de los autógrafos dice mucho de este chico obligado por su trabajo a crecer a un ritmo frenético.


